domingo, 22 de enero de 2017

Don Pelayo debería ser honrado como héroe nacional de España y de todas las naciones cristianas y libres

“Don Pelayo debería ser honrado como héroe nacional de España y de todas las naciones cristianas y libres”, afirma Carlos X. Blanco autor de “La Luz del Norte”.

Fuente: Vox Templi
“Fue la reapropiación de ese mismo territorio gobernado antaño por los godos, en ocho siglos de Reconquista, lo que dio a luz España. El papel de Pelayo fue crucial: quizá el último godo del viejo tiempo (el spatario de don Rodrigo, quizá presente en Guadalete), pero el primer asturiano y el primer español”, afirma el autor, al que le “duele, me duele la hispanofobia, la cristianofobia y el auto-desprecio que se detecta por doquier en Asturias, sobre todo entre sus “soberanistas”, y en general en toda España. Pelayo debería ser honrado como héroe nacional de España y de todas las naciones cristianas y libres. Todas las ciudades del país deberían contar con un monumento en su honor. El menosprecio que cierta izquierda siente ante él debe estar financiado con petrodólares mahometanos. Si no, no se explica”, afirma Carlox X. Blanco.

El autor del libro, Carlos Javier Blanco Martín, asturiano, doctor en Filosofía.
VoxTempli – 200117.- Carlos Javier Blanco Martín es un asturiano de Gijón nacido en 1966, profesor de Filosofía en Ciudad Real se doctoró en Filosofía por la Universidad de Oviedo.
Ha escrito ensayos de temática asturiana, también relatos de terror.
Ha publicado mucho sobre el filósofo Oswald Spengler: recientemente un libro sobre este autor en Ediciones Fides: Oswald Spengler y la Europa Fáustica, siendo además autor de numerosas publicaciones en revistas académicas de Psicología, Filosofía y Ciencias Sociales.
La Luz del Norte es su primera novela, una novela histórica que nos ayudará a obtener respuesta de quién era realmente el rey Pelayo, cómo ocurrió en la batalla de Covadonga o qué acontecimientos vivía la península durante el siglo VIII, entre otras.


Conozcamos un poco más personalmente a Carlos J. Blanco.
Un color.
-         Azul. Como el cielo cuando escampa, como el mar.
Una comida.
-         La fabada asturiana.
Su bebida favorita.
-         Agua. Y después, mucho después, cerveza.
Un libro.
-         La Decadencia de Occidente, de Spengler.
La última película que ha visto.
-         El Señor de los Anillos.
Una ciudad.
-Gijón. Y después, Oviedo.
Un hobby.
-Escribir.
Su música favorita.
-Wagner.
Un deseo.
-Que los pueblos de tradición cristiana (España, Asturias…) recuperen su dignidad y su identidad.
Un sueño.
-Un mundo de naciones soberanas, seguras, justas, fuertes y autosuficientes.

La historiografía tradicional da por establecido y concluido el relato sobre don Pelayo, noble astur que resistió a la conquista de la península Ibérica por los musulmanes, frenó la expansión del islam en este territorio e inició la dinastía de los reyes asturianos. El asunto, sin embargo, no puede (ni debe) afrontarse desde una perspectiva única, la que sitúa a Pelayo como figura épica providencial que tras derrotar a los ejércitos africanos  da inicio a la saga de nuestra Reconquista.
La Luz del Norte es una novela histórica que relata la invasión de los musulmanes y la reconquista del Reino Visigodo, así como la resistencia que los astures, acaudillados por don Pelayo, presentaron a los invasores. Se describe la reconquista, la Batalla de Covadonga y el papel que desempeñaron otros pueblos (cántabros, godos, hispanos….) en una historia en la que se mezclan la realidad y la leyenda.
Tal como apunta José Vicente Pascual en el prólogo, Carlos X. Blanco “ha elegido la versión de don Pelayo, muy extendida y bastante plausible, de la Crónica Albeldense, conciliándola con la leyenda que lo traslada a Tierra Santa para huir de las intrigas de Witiza, sobre quien recaían sospechas de haber urdido la muerte de Favila, padre de nuestro protagonista. Adscrito a una sociedad iniciática fuertemente cohesionada por la fe cristiana y el convencimiento legitimista de la civilización hispano-romana, Pelayo vuelve a Hispania (el regresado del mar), e inicia su aventura, la diplomacia, la guerra y los dramáticos juegos del poder, hasta convertirse en adalid de la resistencia contra el islam y primus inter pares entre la nobleza goda y astur”.
VoxTempli (VT).-  ¿Qué hay de realidad y de leyenda en su novela?
Carlos Javier Blanco (CJB).- La historia de este periodo se basa en una serie de Crónicas. Las Crónicas del Reino de Asturias son una continuación de la tradición isidoriana, cristiano-visigoda, dotadas de una visión providencialistas, espiritual, teológica, visión en la que no había separaciones mecánicas entre el ámbito sobrenatural y el ámbito terrenal. Dios, y los hombres por él elegidos, intervenían en orden a la realización de unos Planes trascendentes que escapaban a los designios de los mortales. En este sentido, las Crónicas no son relatos equiparables a los textos producidos por la ciencia histórica moderna. La leyenda, por un lado, y el relato más o menos fiel de gestas y hechos se mezclan ya de por sí, y lo hacen en el propio momento de redacción del texto transmitido hasta nosotros. Sin embargo, sorprende en este tipo de documentos el laconismo y la muy concreta fijación de algunos emplazamientos, personajes, sucesos. Tiene que haber mucha verdad en los sucesos de Covadonga al detallarse de esa manera detallada algunos elementos, entre el laconismo general, y al cobrar el relato de esos hechos – con el paso de los siglos- tanta fuerza y arraigo en la tradición. Hay detalles  que incluso se han transmitido oralmente entre los lugareños, sin haber mediado gentes eruditas en esa transmisión. Creo que hay mucha realidad, la realidad de la Tradición. Los textos, diríamos, son como el agua:   “el río cuando  suena, agua lleva”. Son textos escritos y transmitidos por hombres de mucha fe que, si bien eran presos de limitaciones de su época (como le pasa a todo hombre), no eran por ello locos dados a introducir grotescas deformaciones y fantasías. Repito, eran lacónicos, escuetos, en su narración. Por mi parte, como nuestro tiempo, y he tratado de darle relleno al laconismo, a proporcionarle una ambientación y ritmo propios de la novela actual, para que así la obra sea más que una crónica y se convierta en una novela dinámica, de aventuras, donde se introduce algún elemento de historia-ficción que no tergiversa, empero, el rigor histórico de los hechos esenciales: la invasión y opresión de la Hispania en manos de los moros, y la revuelta de Pelayo en Las Asturias.
VT.- ¿Quién era de verdad don Pelayo?
CJB.- Siempre me lo planteo ¿Era un noble godo? ¿Un aristócrata astur? ¿Una mezcla de ambas cosas? Me baso mucho en don Claudio Sánchez Albornoz, y descarto cualquier otro origen fantástico que, por ahí,  se le ha asignado (árabe, britón, gallego). Si era noble godo, de sangre regia incluso, como subrayan las crónicas, entonces Pelayo tenía por fuerza que guardar  grandes vínculos con el suelo astur y con sus gentes. En Las Asturias encontró fácilmente refugio y amigos, y en ellas, una asamblea de astures le acepta como Caudillo y le secunda en una empresa arriesgada, nada cómoda. No descarto que ya en el siglo VI-VII las élites astures y godas en Asturias se hubieran fundido en sangre.  Don Armando Besga Marroquín, profesor de historia en la Universidad de Deusto, llega a decir que el Reino de Asturias era más germánico incluso (según ciertos datos de la antroponimia de sus personajes, p.e.) que el propio reino de Toledo, su predecesor, y ello, la celtogermanización, pudo ser temprano e incluso previo a la llegada masiva de refugiados mozárabes. Me opongo a los localismos y a los chovinismos. En el Principado suelo ver un “indigenismo” asturianista ridículo, despreciador del componente godo de Pelayo y de su rebelión. Y, por el contrario, en Madrid o en otras partes de España, veo un “goticismo” no menos absurdo, como si los astures no hubieran sido más que unos comparsas del godo Pelayo, y “España” entonces fuera, exclusiva y esencialmente, la gente goda… La etnicidad concreta de Pelayo quizá sea siempre un misterio y no es un asunto muy relevante. Me inclino por la hipótesis de mezcla astur-goda, y en cualquier caso todos le honramos como el primer asturiano y el primer español.
VT.- Háblenos un poco sobre su novela.
CJB.- Bien. Es el relato de la invasión mora del reino visigodo de España, y de la resistencia que en las montañas astures encabezó don Pelayo. Es una recreación de ciertos momentos clave de la Historia de nuestro pueblo, en la que precisamente, ante la llegada de unos bárbaros que, nunca mejor dicho, llegaron cometiendo todo género de brutalidades, las distintas etnias de nuestra península unieron sus brazos bajo la señal de la Cruz para defenderse. Cuando los moros (y digo bien moros, o mauros norteafricanos, porque árabes invasores eran sólo los jefes y más bien pocos) acceden a nuestro suelo, todavía nuestros antepasados vivían en escasa fusión, con menguado hermanamiento (una Andalucía muy romano-bizantina, una Meseta norte más goda, unos pueblos del Norte que vivían un poco como los germanos antes de haberse “aburguesado”, etc.). La resistencia de Pelayo y los demás reyes Caudillos asturianos va a suponer la fusión de todas esas realidades étnicas a medio hermanar todavía bajo el dominio godo-toledano. Todos, en mayor o menor medida, darán su sangre al común océano hispano. La Cruz les unió ante la tremenda catástrofe que fue la invasión musulmana. Con un ritmo de novela de aventuras, y con unos personajes inventados que arroparán y darán vida a ese desconocido que es don Pelayo, podemos reencontrarnos con nuestro ser nacional.
VT.- ¿Cuál fue su papel en la historia de la Hispania Visigoda y la futura España?
CJB.- .Los godos del reino de Toledo dieron el primer paso, sólo el primer paso, para la unificación de unos territorios que, muy en líneas gruesas, ya recuerdan a la actual España. En el sur-levante había restos de mucha presencia bizantina (“romana” se decía entonces), y los godos de Toledo ejercían su soberanía en la Narbonense, esto es, en la parte más hispana del sur francés, hacia el Mediterráneo. El norte astur-cántabro no estaba del todo cristianizado, ni si quiera “romanizado” completamente, aunque bastante más de lo que a veces se ha dicho desde las tesis “indigenistas”. Pero, en general, los godos sentaron los pilares de la Nación Española (Trono, Iglesia unida en la catolicidad, Unidad Territorial). Pero fue la reapropiación de ese mismo territorio gobernado antaño por los godos,  en ocho siglos de Reconquista, lo que dio a luz España. El papel de Pelayo fue crucial: quizá el último godo del viejo tiempo (el spatario de don Rodrigo, quizá presente en Guadalete), pero el primer asturiano y el primer español.
VT.- España no suele ser muy agradecida con los suyos, ¿cree que se ha reconocido el papel de Don Pelayo en la historia de España?
CJB.- En absoluto. La situación es tristísima. En las redes sociales –por ejemplo- hay gente que se atreve a negar su existencia, que se mofan de él, que lo identifican con un “fascista” y uno “xenófobo”. Me duele, me duele la hispanofobia, la cristianofobia y el auto-desprecio que se detecta por doquier en Asturias, sobre todo entre sus “soberanistas”, y en general en toda España. Pelayo debería ser honrado como héroe nacional de España y de todas las naciones cristianas y libres. Todas las ciudades del país deberían contar con un monumento en su honor. El menosprecio que cierta izquierda siente ante él debe estar financiado con petrodólares mahometanos. Si no, no se explica.
VT.- ¿Cuál fue el hecho más significativo que dio inicio a la reconquista?
CJB.- .Simbólicamente, la Batalla de Covadonga. Dinásticamente, la alianza de astures y cántabros que supuso el acceso a la realeza de don Alfonso, el primer Rey Caudillo a efectos oficiales. Militarmente, los largos e inolvidables triunfos de Alfonso II, Ramiro I y Alfonso III. Territorialmente, sojuzgar a los vascones y ganárselos para la cristiandad y crear “marcas” fronterizas, ora deshabitadas, ora en forma de reino, como el reino de Navarra. Cultural y Espiritualmente, huir del elipandismo y de todo modus vivendi con los mahotanos, garantizar la independencia de la sede Ovetense frente a un Toledo colaboracionista y hereje…En fin. No me puedo quedar con un solo hecho.
VT.- ¿Y la situación de lo que quedaba del reino Visigodo?
CJB.- ¿Tras la invasión mora? Es lo que se conoce como la mozarabía. Los hispanos-cristianos bajo los moros vivían una situación de opresión lamentable, de humillación constante. Los mahometanos se impusieron sobre una mayoría hispano-goda (y una minoría hebrea) para reintroducir el esclavismo más atroz, la pederastia, la poligamia y la aculturación de los cristianos. No se podían restaurar las iglesias, se martirizaba a los creyentes, en el mejor de los casos, se les marginaba, se destruían los grandes legados culturales hispano-godos. La gente más acomodaticia se convirtió poco a poco al islam. Muchos tuvieron que emigrar al Reino de Asturias y a los otros núcleos cristianos que nacieron a su amparo o al amparo de los francos, y eso que las diferencias culturales con ellos, andando el tiempo, ya les debían ser notables, pero ansiaban la libertad que les prometían sus hermanos cristianos norteños. El islam arruinó el más brillante de los reinos “bárbaros” de la cristiandad, el hispano-godo, reino que rivalizaba en cultura y lujo con el mismo Bizancio. Pero no pudo aniquilarlo del todo. Como decimos mucho en Asturias, “el que tuvo, retuvo”. Asturias, en su inicial pobreza y marginalidad, retuvo y heredó esa Alta Cultura (de matriz romano-germánica y cristiana) y la revivificó.
VT.- ¿Cómo y por qué surgió la figura de don Pelayo como el origen de la resistencia al invasor y del inicio a la Reconquista?
CJB.- En Historia debemos distinguir “los fines del agente” y los “fines de la obra”. A nivel personal, Pelayo pudo tener muchas motivaciones para rebelarse. Tenemos la historia de su hermana, las pretensiones del moro Munuza por casarse con ella, esto es, en su cultura, poseerla; la negativa de nuestro héroe a tal lazo. Tenemos un posible problema fiscal, la negativa de los astures a seguir pagando a los invasores y la necesidad de un líder “objetor” o rebelde. También tenemos la existencia y de élites guerreras apiñadas densamente en las selvas y sierras asturianas, unas godas, otras astures y cántabras. ¿Qué iban a hacer tantos hombres armados arrinconados sin luchar, sin tratar de abrirse camino? Y el enemigo estaba claro cuál era: el infiel y extranjero. Árabes y bereberes siempre fueron infieles y extranjeros, invasores en tierras extrañas a ellos. Como agente individual y pionero no sabemos si Pelayo tenía plena conciencia de su gesta, pero desde luego la mayor parte de los Reyes Caudillos asturianos, y de sus sucesores (leoneses, castellanos, aragoneses, etc.) siempre tuvieron como meta la expulsión del enemigo musulmán. ¿Resultado objetivo? (fin de la obra, en vez del fin del agente): Mantener España en la órbita de la civilización occidental, que es tanto como decir, en la Cristiandad.  En España, sus pueblos siempre han reaccionado formidablemente cuando hallan a sus verdaderos Caudillos. Pelayo fue princeps (pero materialmente diríamos, Rey) por aclamación de una asamblea democrático-guerrera, y alzado sobre un escudo, a la más pura usanza germánico-nórdica. No podía haber mejor sintonía entre aquellos godos desahuciados, sin lujos, y los astures, menos conocedores aún del lujo y la molicie: volvieron ambos a su raíz común, a su esencia, vale decir, a la vida de la guerra y a la monarquía caudillista.
VT.- ¿Es cierto lo que se enseña a nuestros hijos de don Pelayo o hay otro don Pelayo por descubrir?
CJB.- Soy docente, y puedo garantizar que no se enseña prácticamente nada. Fuera de Asturias es un gran conocido. Desde la muerte de Franco, se enseña la Reconquista diciendo, poco más o menos, que la invasión musulmana fue una liberación del pueblo llano, y que ellos, los musulmanes, trajeron la civilización y el esplendor. Como si el Reino Toledano, aunque injusto y repleto de males, no hubiera sido esplendoroso. La idea nebulosa de un “norte rebelde” se ha trasladado en falsamente en el imaginario de los alumnos hacia el País Vasco, por medio del mito de los “irredentos vascones”, cuando lo cierto es que de no ser por el Asturorum Regnum (Reino de los astures), que los rescató, estos “fieros” pueblos primitivos estarían ahora bajo la sharia. Mis propios alumnos repiten en clase muchas tonterías que evidencian algo: en algún sitio se las han contado. La mayor necedad para restarle méritos a Pelayo consiste en decir que a los musulmanes no les interesaba una Asturias tan fría y lluviosa, y que por eso le dejaron en paz. Yo he escuchado esta clase de cosas en las aulas.
Aunque su libro se queda en el inicio de lo que entendemos como Reconquista, hablemos un poco de este hecho histórico clave para los destinos de la España actual.
VT.- ¿Conquista o reconquista?
CJB.- Sin duda alguna, Reconquista.
VT.- ¿Por qué?
CJB.- Cuando se podía retener un territorio se repoblaba, es decir, se llenaba de gente y se re-ordenaba a la manera cristiana y celto-germánica. Se recuperaba aquello que se consideraba propio e ilegítimamente enajenado. Nunca se olvidó el Ordo Gothorum y siempre se entendió que la empresa de los norteños era llegar hasta el Sur y devolver a los invasores al otro lado del mar, deportarlos hasta los desiertos y montañas africanas de donde habían salido. Lo maravilloso de la Historia es que, intentando recuperar un Reino, los españoles hemos ganado además otra cosa en la Reconquista, ser un Pueblo. El fin de los agentes dio lugar a un fin objetivo, un fin de la obra: crear un Pueblo español unido, cosa que los godos de Toledo no habían podido realizar.
VT.- ¿No le parece que se está intentando reescribir la historia de España y que anterior a la invasión musulmana de Hispania  no había nadie en esta vieja piel de toro?
CJB.- En efecto. Mire Vd., por ejemplo, qué ignorancia y manipulación la de ciertos “nacionalistas andaluces”. El pasado romano riquísimo que se palpa en casi toda España, pero muy especialmente en el Sur y en el Levante ¿no rebasa con creces la supuesta “huella árabe”? ¿Acaso la mozarabía (los cristianos sometidos a los musulmanes) no conservaron el legado clásico –latín-, cristiano, romano-godo- con una fuerza y un heroísmo dignos de recuerdo, pese a la enorme represión mahometana? ¿Qué es eso de las “tres culturas”? Los indígenas de toda Hispania, romanizados y germanizados, fueron los más heroicos baluartes de nuestra Civilización ante las oleadas afroárabes. Sirvieron de muralla de contención a la Europa cristiana. Lo demás son tonterías. El “esplendor” de la Córdoba mora, de que tanto se habla, se debió a la arquitectura, a la medicina, a la filosofía, a la poesía y a todos los demás logros que la Hispania romano-goda aún conservaba, y que una minoría despótica y extranjera, además de infiel, manejó para sus propios fines.
VT.-  ¿Qué cree Ud. que significó la reconquista para los visigodos y otras poblaciones que residían en España ante la invasión?
CJB.- La salvación. La recuperación de su ser. La libertad. Los cristianos del norte sólo les ofrecían una vida dura, arrancar mieses de la tierra poco  y a la vez defenderla con el acero. Pero una azada y una espada daban la libertad. En las ciudades y tierras moras del Sur, sólo había esclavitud, aculturación, y martirio.
VT.- ¿Y para la España actual?
CJB.- A la Reconquista debemos que España exista. Que España sea Europa. Por desgracia, el distinto ritmo y momento en que se dio la Reconquista, junto con ciertas influencias climáticas que hay en la península, dan la apariencia de una gran disparidad entre los españoles, pero nos une la Reconquista. En este proceso está todo. Todos somos europeos y de raíz cristiana por obra y gracia de un “ortograma”, como diría Gustavo Bueno: Recuperar toda la tierra que nos pertenece. Olvidar la Reconquista es entregar España al extranjero, ni más ni menos.
VT.- ¿Cuál ha sido el objetivo de su novela?
CJB.- Aumentar la autoestima de los asturianos y de los españoles, ayudar a las nuevas generaciones a reconocerse como integrantes pueblo orgulloso, libre e indómito.
VT.- ¿Ha sido difícil su gestación?
CJB.- Sí, porque dispongo de muy poco tiempo, con rupturas constantes debidas a factores externos, que inciden en mi ritmo de creación.
VT.- ¿Y que le ha parecido el resultado final?
CJB.- Como todo, mejorable, muy mejorable. No soy un escritor “profesional”. Espero no serlo nunca.
VT.- ¿Prepara ya su próximo trabajo?
CJB.- Sí. Le doy vueltas en mi cabeza.
VT.- ¿Podría adelantarnos alguna pista?
CJB.- Muchas aventuras. Con más dosis de historia-ficción.  Algo así voy a escribir.
VT.- ¿Dónde se puede adquirir La Luz del Norte?
CJB.- Está muy bien distribuida para la venta por internet. En la propia editorial Eas [www.editorialeas.com;  info@editorialeas.com], o en las grandes tiendas de venta en línea (Amazon, El Corte Inglés, la Casa del Libro, etc.).
VT.-  Para finalizar esta entrevista, le pediríamos un mensaje para los amantes de la historia.
CJB.- Intenten siempre educar a la juventud, elevar la autoestima colectiva, desmontar las manipulaciones. Intenten formar una milicia, la milicia de la Verdad, para combatir tanta Leyenda Negra, tanta hispanofobia, tanta deformación, tanta connivencia con quienes son nuestros “enemigos históricos”. Ellos no olvidan que las montañas de Asturias fueron el inicio de su retroceso. Nosotros, en cambio, al olvidarlo, nos entregamos.
Muchas gracias por su atención, deseándole mucho éxito con su novela y que continúe con su importante trabajo de desentrañar la historia de España.

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