martes, 6 de diciembre de 2016

Fobias y X-fobias

Un cuerpo de creencias y doctrinas autoblindado frente a la crítica, es ideología. Se parece demasiado, e incluso se identifica con la religión fanática. Un cuerpo de creencias y doctrinas no revisable y, sin embargo, expansionista, dotado desde el principio de unos mecanismos para su imposición a todo el mundo (universalista), dotado de sistemas coercitivos y persuasivos para ganar adeptos y para guiar la enseñanza de las personas desde su más tierna infancia, no es sino ideología religiosa fanática. Un cuerpo de creencias y doctrinas que no sólo busca la expansión y aceptación –en el límite- universales, sino que además muta y expande su propia carta fundacional para ir ampliando el número de dogmas y para ir añadiendo nuevos ítems a la lista inicial, consensuada fundacionalmente, es algo más que ideología religiosa fanática, es otra cosa añadida: imperialismo ideológico.


¿Creían que estábamos hablando aquí de algún tipo de fundamentalismo religioso? ¿Quizá mosaico, acaso mahometano, puede que evangelista o católico-romano? Hablamos de otro credo, doctrina ideológica y fanatismo coactivo: el fanatismo de los Derechos Humanos.


La formulación de unos cuantos principios filosóficos y la síntesis de unas reglas etico-políticas inspiradas en la tradición del Derecho Natural, dio paso, en el mundo posterior a 1945, a un vasto proyecto de uniformización doctrinal de la Humanidad, que pasa por la fe incólume en la existencia de esa misma “Humanidad”. Ya no hay culturas, pueblos ni civilizaciones, ya no hay peculiaridades personales, familiares ni nacionales. Ya no hay tradiciones ni costumbres ante esa fabulosa abstracción: “Humanidad”. La Humanidad se autoproclama generosa, y en nombre de sus Instituciones universales, “se da a sí misma” unos Derechos y unos Principios. Nunca se ha reflexionado suficiente sobre este modismo: “se da a sí misma”. También se emplea en el contexto del constitucionalismo: “el pueblo se da a sí mismo…”. Nos encontramos ante una auto-determinación, un acto soberano libérrimo y un sujeto colectivo, enterizo, broncíneo, supuestamente no atravesado por facciones ni rupturas, y “que da...”. Este sujeto colectivo de bronce, redondo, autolimitado en medio de la no-humanidad, se hincha con el paso de los años, y expande su catálogo de “derechos”. Nada le frena, no le detiene la simple lógica material de las cosas que reza diciendo: un derecho sobre-concedido implica la conculcación definitiva de otro más básico, o la muerte de las propias raíces de donde ese derecho una vez brotara. Este Rey Midas de los Derechos Humanos ya no puede comer, todo es Oro, se muere entre tantos derechos de oro. Para privilegiar compensatoriamente unas minorías, se esclavizan las mayorías. Para hipercompensar pasadas lesiones y abusos, se entronizan a nuevos lesionadores y abusones. El propio “Hombre”, más y más, se convierte en una caricatura de aquella abstracción de que un día se partió. Primero era un fantasma, un ente de razón, una esencia evacuada de cualesquiera propiedades concretas. Pero ahora es un ser absolutamente irreconocible. Ese ser es un cúmulo de “construcciones” y “asignaciones” sociales. Todo en él es construído. La anatomía del niño es, al rico caramelo postmoderno, un mero icono “señalador”, como las pantallas que te salen en el ordenador, a las que puedes decir, con viento fresco: “ignorar”. Niña o niño, o mezcla de ambos, la sociedad manda, el “pueblo” asigna y decide, todo pasa por la construcción de una identidad, y esta obra es de orígen cultural. La ideología de género, igual que cualquier instrumentalismo y relativismo de la identidad, forma parte de ese proyecto anti-humano y en permanente mutación: los Derechos Humanos.


Pero igual que en esta ideología fanática todo es relativo y todo es “construído”, a la hora de ensalzar y normalizar anormalidades, también en ella es universalista y absolutista la condenación. “No humano” es el “fascista” y el X-fobo (el que muestra miedo u odio a una X indeterminada, y odia o teme a esa X a pesar de las consignas oficiales) que no se deja adoctrinar ni “reprogramar”. Es un mundo totalitario el que nos trae la ONU y su Declaración Universal-Inflacionaria. A más Derechos, menos Libertades. A más Derechos, más “fobias” y más psiquiatrización del disidente. En la gran Fraternidad gestada desde 1945, ya se sabe lo que pasa con un Gran Hermano: manda más que un Padre, lo sustituye y eleva a la potencia n su cariz tiránico. En la Obra del Gran Arquitecto, siempre cabe desechar una piedra suelta, para arrojarla por los precipicios. Era preciso airear el Proyecto Secreto, la Logia se identifica con el Mundo mismo, y todo conventículo, a derecha y a izquierda, había de volverse pequeño y accidental. Los humanos sobramos, el Capital nos construye y deconstruye.

No hay comentarios:

Publicar un comentario