domingo, 30 de octubre de 2016

Voluntad de Poder

Los aires de este otoño barrerán con higiénica frescura estas chinches y hojas en putrefacción. Y una nueva generación de hierro brillará al sol. La Voluntad de Poder es el pulso que se esconde tras los choques y movimientos mecánicos. Es anhelo y es expansión que no se circunscribe a los seres vivos, todos ellos deseantes, sino también a la llamada “materia bruta”. Todo equilibrio, toda estabilización, es simplemente una breve tregua, una fugaz imagen instantánea de la lucha cósmica que recorre un todo inaprensible y caótico, pleno de revoluciones y victoria, cortejado con las consiguientes derrotas. Las regularidades y la armonía legal que a veces presenciamos en el mundo entorno son fragmentos de una totalidad que en sí misma, en su extensión inabarcable, carece de toda lógica y para la cual no hay interpretación posible. Los guijarros y pequeñas partículas no me aplastarán, pero sí las montañas, y esto es en función del poder en ellas ínsito. Yo “puedo” a las piedrecitas en virtud de mi mayor tamaño, pero también en virtud de mi mayor capacidad de manipulación. Cuando el hombre se sirve de máquinas y de la dinamita, cuando la potencia operatoria de este simio bípedo se multiplica por la técnica, la voluntad de poderío también se ensancha y los equilibrios y treguas transitorias también hacen lo propio, cayendo entonces las montañas y cordilleras a sus pies, a mis pies. Mañana será posible hacer lo propio con los astros. El hombre es hoy la forma en que se concentra la Voluntad de Poder cósmica para deshacer los equilibrios. Horror vacui: la paz de los cementerios y de las batallas conclusas no es más que el preludio de nuevas desigualdades. La desigualdad, ante todo, la desigualdad en las fuerzas, mueve el mundo. 

Bien que nos lo explicó Nietzsche: detrás de la Mecánica se esconde la Psicología, estudio de las fuerzas anímicas y del deseo. Toda la clave del Derecho y de la Política se reduce a esto, a una desigualdad de fuerzas. El Igualitarismo es también deseo de desigualarse, es Voluntad de Poder, y no de otra forma podrá ser comprendido. Bien en forma de nostalgia por lo perdido, o resentimiento por lo adeudado y no recibido, o por cualquier otra especie de bilis acumulada tras pasadas derrotas e impotencias, hay Voluntad de Dominación. De esa Voluntad de Poder que sufre por no poseerle hic et nunc, nada bueno habrá de surgir. Llamemos “justo” a la cosa que merece un nuevo nombre: al sano imponerse, al saludable y fornido decir “Sí” de quien no odia salvo cuando ama. Ama mucho, ama la vida, ama las raíces y ama la tierra de donde la vida un día brotó, sólo entonces de forma subsidiaria y como excrecencia odia. “Justo” será entonces volver a poner jerarquías, aplastar gusanos, expurgar chinches y venéreas maldades. Justo será poner las cosas en su (nuevo) sitio, restaurando el sentido de lo “superior” y lo “inferior”, imponiéndose sobre la propia Ley Natural, decaída ésta en mera inercia, entropía y sumersión caótica. No estamos contra el Orden. Estamos por un Nuevo Orden.

Así entendemos a Nietzsche y a su legado.

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