lunes, 31 de octubre de 2016

El verdadero catolicismo

La única posibilidad para aplazar sine die la Muerte de Dios, anunciada por Nietzsche hace un siglo, la tiene en sus manos el cristianismo europeo volviendo a su ser, a saber, al Cristianismo fáustico, el belicoso Cristianismo germano-católico. Y este género de religiosidad es militar, no pacifista ni claudicante. Es el ardor guerrero y misionero de la Reconquista española y de las Cruzadas. Es el ardor y la ambición católica de los conquistadores españoles en las Indias. Es la síntesis de monje y caballero que se alcanzó en el temple, en las órdenes teutónicas, en los caballeros de Las Españas. La espada hincada en el suelo es la Cruz a la que rezar. Si se cree que es verdadero catolicismo ese dejarse violar, pegar, insultar, ese vegetariano y anémico pacifismo que Bergoglio muestra impúdicamente ante la actual e inminente invasión islámica, entonces no se comprende absolutamente nada de Teología. Citamos al Maestro, y no es Nietzsche ni Spengler, es Jesús: “no he venido a traer la paz, sino la guerra”. Si el enemigo quiere guerra teológica con bombas y puñadas, démosle guerra, eso debe decirse el católico. Es la mejor manera de amar al prójimo, de amar a ese hermano que, llevado al límite, dimos en llamar “Humanidad”: librándole de la barbarie, arrancando el error y la superstición. De seguro se aplazará la Muerte de Dios y se renovará la fe. En tiempos de guerra siempre renace la fe. Las iglesias se volverán a llenar ante las invasiones y las guerras de reconquista. Siempre ha sido así. Y no es una guerra de religiones. No sólo. Es la guerra contra una doctrina totalitaria, contra una teología política. 

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