domingo, 22 de mayo de 2016

Anatomía de la Nueva Derecha en el siglo XXI.

ENTREVISTA NIHIL OBSTAT Nº 25
ANATOMÍA DE LA NUEVA DERECHA EN EL SIGLO XXI

Nihil Obstat saluda a Carlos Javier Blanco Martín, doctor en Filosofía, profesor y escritor.

Para comenzar, una advertencia: hablaremos de “Nueva Derecha”, no por convicción, ni por asunción de esta denominación, sino por puro convencionalismo, en fin, para entendernos y evitar así el uso de farragosos circunloquios.

- Han pasado ya quince años desde el Manifiesto por un Renacimiento Europeo (trasladado al español como Manifiesto de la Nueva Derecha del año 2000). ¿Qué balance hace de esta escuela de pensamiento en los primeros quince años del siglo XXI?
Para hacer un balance sería necesario haber realizado un seguimiento de esta escuela durante largos años, ya desde fuera, como estudioso imparcial, ya desde dentro, como militante o participante. Me temo que no estoy capacitado para hacerlo. Creo, no obstante, que hay una gran distancia entre los planteamientos profundos, sutiles y eruditos de los líderes de esta corriente, por una parte, y la acción concreta que en política pudiera resultar de esa labor teórica. Esto es especialmente grave en España, país con una gran tendencia al trazo grueso, al pensamiento grueso, a la oscuridad y a la ofuscación mental. La Metapolítica es, en esencia, Filosofía, y me temo que España es uno de los países más anti-filosóficos de Europa. La conciencia de europeidad, una filosofía de la Cultura y una reflexión sobre la Civilización a la que pertenecemos... esto es muy díficil de asentar en las conciencias hispanas, tan dadas a los maximalismos. Tenemos una derecha y una izquierda, por igual, ancladas en la Guerra Civil y lobotomizadas. Por lo demás, el rótulo de “Nueva Derecha” en una España postfranquista no va a triunfar jamás. Aquí nadie parece percatarse de que no se trata de revanchas o de nuevas trincheras que se refieran a aquellas viejas guerras. Los “rojos”, igual que los “azules” de todo pelaje tienen hoy unos enemigos terribles y no parecen darse cuenta; hay en nuestros días unas amenzas para las cuales no están capacitados ideológicamente: islamismo, globalización, colonización cultural... No se trata de defender viejos “-ismos” sino de defender una Civilización. Y en este sentido, el Manifiesto circula de forma demasiado marginal, de una forma minoritaria. Es preciso agigantar una “contra-información” y “una nomenclatura” para que llegue a más gente.


- ¿Sigue siendo el liberalismo –y su forma-capital (el capitalismo)–, en la dinámica de su fase de expansión mundialista, el principal enemigo? ¿Designaría a los Estados Unidos de América como la encarnación imperialista de ese enemigo principal? Además de estos enemigos, han surgido nuevos adversarios hostiles, tales como el islamismo, el terrorismo, el populismo postmarxista, etc.?

A corto plazo, incluso a medio, los norteamericanos van a ser, junto a Rusia, las mazas que detengan la hidra de mil cabezas que es el Islam, Europa no existe como potencia, Europa ha muerto desde 1945. Pero hay muchos indicios que muestran que las organizaciones radicales islámicas y el auge del fanatismo mahometano provienen de la zarpa secreta de los E.E.U.U. Cuando esta potencia desestabiliza una región no parece tomar muy en cuenta que las consecuencias nefastas llegan antes a Europa que a América, a pesar del 11-S. Es Europa la que puede sufrir una Guerra Etno-Religiosa, una guerra civil, una catástrofe identitaria en su interior. La sufrirá antes que los E.E.U.U.  Los “refugiados” sirios, libios, afganos, etc. vienen a Europa, no van a América, lugar éste en el que, por otro lado, no hay inconveniente en tener un rifle debajo de la almohada para la autoprotección. Europa, a diferencia de los E.E.U.U.,  ha perdido el instinto de autoprotección. Carece de ejército propio, sostiene la NATO, se deja colonizar comercialmente... Una metapolítica sutil consistiría en “desconectarse” culturalmente de la cultura americana y la europea, al tiempo que Europa se dota de un verdadero Ejército propio, desvinculado de la NATO y adopta una geopolítica propia, que pasa de fijación de fronteras civilizatorias. No intervendrá en el exterior, pero perseguirá todas las violaciones del derecho que el Islam, como Teología Política que es, cometa en nuestro suelo. Debe tenerse en cuenta que una religión normal no es una doctrina política. El Islam será una religión, pero en la gran política realmente es otra cosa: es consustancialmente un método de dominación, una “política” despótica y arcaica. Lo primero que debemos hacer es educar a nuestra  gente: “no te dejes dominar” debe ser la consigna. Por supuesto, el liberalismo y el marxismo son hijuelas de una misma concepción economicista de la vida, son retoños de una crisis de la Modernidad, cuando la Ilustración estalló en ideales de emancipación irracionales o en abstracciones feroces, como la del indivualismo. El Islam podrá machacarnos si seguimos creyendo en ideales caducos, como los que nos trajo el liberalismo por vía de la colonización cultural norteamericana. Hay una interconexión clara.


- En una primera época parecía que el comunismo era la “bestia negra” de la Nueva Derecha, pero después de la caída de los regímenes soviéticos, ¿qué queda realmente del marxismo? Y en este sentido, ¿resulta fructífero un diálogo con los neomarxistas de la Nueva Izquierda, desafectos ya de las experiencias del socialismo real?
Yo he estudiado El Capital, cosa que creo que no han hecho los comunistas y podemistas de nuestros días. No puedo imaginarme a Cayo Lara, Llamazares, o Pablo Iglesias leyendo esos ladrillos. A la izquierda ultrahumanista de nuestros días el estudio de la Economía Política les produce dolor de cabeza y espanto. En España, y llevaba mucha razón Gustavo Bueno, mi antiguo profesor,  hubo más izquierda en las parroquias “obreras” que en los comités de empresa. En media España, no se tiene gran idea de lo que es una huelga obrera de verdad. Yo, como nací y me crié en Asturias sí se lo que es. Los que debieran ser herederos ideológicos de Marx y Engels hablan de trabajadores y nunca han visto a uno, y nunca han trabajado ellos mismos. Desconocen lo que es la “explotación” y las calles y fábricas oliendo a humo. Marx todavía tenía en mente una guerra de clases. Su filosofía, por debajo del hegelianismo y de la Economía Política, es una filosofía de guerra. Esta izquierda “humanista” de hoy, en cambio, quiere seguir metiendo flores en el kalashnikov de un talibán. Me parece, además, que la izquierda neomarxista tiene la oscura percepción y la mala conciencia de saber que el sistema capitalista no puede exterminarse. Y lo que se ha venido haciendo es un intento de integrarse en él, de maquillar humanísticamente lo que no es más que un sistema de esclavitud y opresión, con lo cual no van a hacer sino apuntalarlo y hacer las veces de “policía ideológica”, controlando las disidencias, poniendo el dedo apuntador sobre la cabeza que les estorba. Esta izquierda inquisitorial condenaría al Sócrates del siglo XXI, iniciaría gulags descarados contra su “pensamiento políticamente incorrecto”. Son los mismos que usan esa horrible expresión de “tolerancia cero con...”. Predican una tolerancia intolerante. No saben nada de Economía y pretender mantener a la gente alienada y explotada. No quieren ver que el mundo desarrollado precisa cada vez de menos obreros, que la clase obrera ya apenas existe en él y que lo que de verdad hay en una masa heterogénea infra-remunerada o sistenida por medio de subsidios. Se está produciendo un antagonismo irreconciliable entre los trabajadores que mantenemos el sistema pagando nuestros impuestos y costeándonos nuestra jubilación, y por otra parte toda una gran masa que no ha trabajado y no trabajará jamás, de entre la cual figuran millones a los que no “les resulta rentable” trabajar pues el Estado Providencia les mantiene. El Estado Providencia, además, incluye y hasta privilegia a los emigrantes de origen extranjero, cuya manutención, alojamiento, servicios de educación y sanidad, etc. corren a cargo de nosotros, los trabajadores, a costa de los sectores productivos. Europa, y muy acusadamente España, está minando las bases morales y materiales de su productividad. Esta cuestión, de elemental Economía Política, es la que no quieren analizar los izquierdistas de hoy en día, y eso que dispondrían de unas herramientas científicas que, debidamente actualizadas, debían formar parte de su catecismo. A partir de la Escuela de Francfort, especialmente, el análisis de las “superestructuras” y las cuestiones de “sensibilización de la ciudadanía” ocuparon todo su foco de atención, en detrimento de las bases productivas de la sociedad y de las relaciones de producción. Las pseudoluchas ideológicas (matrimonio gay, derechos de los simios, etc.) son menos áridas para las mentes mediocres o para los nuevos “curas laicos” que militan en ONGs, exhibiendo filantropía. Pero la gran ignminia no la quieren ver: que la base productiva de la sociedad se hace exigua, mientras que la pirámide invertida de los parasitarios se agiganta. En efecto, sería de todo punto imprescindible que hubiera en España un elenco de neomarxistas (como en Italia o en Francia o en América hay) que abandonaran sus consabidos tópicos mundialistas e incorporaran las categorías de análisis marxista de la Totalidad Social para oponerse al Sistema. El propio Marx, de haber vivido en el siglo XXI, no habría albergado la menor duda a la hora de comprender la interconexión entre disponer de un enorme “ejército de reserva del Capital” (trabajadores dispuestos a dejarse explotar a sueldos bajos), emigración e islamofilia, por ejemplo.

- ¿Y con los llamados Nuevos reaccionarios? Parece que pocos pensadores defienden ya los dogmas sagrados de Mayo/68. ¿Es la posmodernidad una reacción postsesentayochista?
No lo sé. En nuestro país es como si las modas francesas o americanas se las apropiara siempre la misma clase burguesa “progresista” y bienpensante, una clase que siempre se aupa sobre una cima de privilegios. Los hippies desnudos y las minifaldas de las chicas no nos dieron más libertad ni armas para defender una Civilización sana. En pleno franquismo, los chicos iban a los institutos decentemente vestidos y estudiaban unas asignaturas con programa oficial serio. Los jóvenes franceses que “prohibían prohibir” en el 68, después  abrieron las puertas al islam y, por tanto, a la postración humillante en que se encuentra su patria hoy, tras los casos de Charlie Hebdo y la imposición de ls sharia en muchos barrios. La ND nace en medio de esta estolidez sesentayochista y la secuela suya de los “nuevos filósofos” que reaccionaron ante una liberación de costumbres. Era un tiempo de deserción intelectual. Ahora estamos mucho peor todavía, nos talibanizamos bajo la máscara progresista: “tolerancia cero para...” esa muletilla lo dice todo.

- Y ya que hablábamos antes del Islam, resulta inevitable plantear el problema de la inmigración en Europa y la cuestión de la identidad. ¿Sirven todavía las propuestas multiculturalistas o comunitaristas, a pesar de las críticas recibidas por los llamados grupos identitarios? ¿Tienen alguna virtualidad, en un mundo tan complejo, las políticas anti-inmigratorias o las llamadas a la re-emigración?

Los pueblos de Europa, si no están totalmente echados a perder, deberán comprender que han sido traicionados por sus élites políticas y económicas, y que la autodefensa identitaria debe comenzar en su propio barrio, en su misma aldea, en cada calle. Los pueblos de este continente deberán crear ellos mismos un clima hostil ante la invasión y ante colonización cultural y religiosa, y parar la competencia desleal de los extraños. Ningún país multicultural es viable a largo plazo. Los ejemplos de la India o de los propios E.E.U.U, las luchas tribales en África, etc. lo demuestran.
- Nadie pone en duda en la actualidad que Europa, bajo su forma institucional de la Unión Europea, se ha convertido en un gran mercado económico-financiero. ¿Cuál sería la fórmula para que Europa pudiera desembarazarse de su condición de “objeto” del neoliberalismo? ¿Cómo hacer compatibles las soberanías nacionales con el respeto de las especificidades étnicas y el imperium supranacional supuestamente ejercido por una Europa unida?

Cultivando a un tiempo el regionalismo y el federalismo. No albergo ninguna duda. En esto coincido con Alain de Benoist. El Imperio federal que nos propone el autor francés se ubicaría en la más pura tradición del Imperio que yo denomino “aglutinante” (Althusius) que es la tradición germana, centro-europea (y también hispana) de coordinar y federar pueblos aliados y hermanos, que mantengan su autogobierno, su tradición y su autonomía legislativa pero que se imbriquen en las líneas generales de una Gran Política común. Es la tradición del Sacro Imperio Romano Germánico. La Corona Hispánica de los Habsburgo era heredera directa de esta tradición germánica que fue operativa durante toda la Reconquista. El Duque de Alba o cierto castellanismo absorbente estropearon esta idea, que se perdió ya del todo con la llegada a España de los Borbones. El jacobinismo francés, y aun antes el antiguo Imperio Romano, eran imperialismos absorbentes: a partir de una Capital o metro, se impone un modelo que mata la diferencia como quiera que no sea absorbida e integrada. La polis deviene metrópolis y lo demás será provincia (vencida, absorbida). Pero ya en la Monarquía Asturiana encontramos el ideal imperial germánico aglutinante: se trataba de incorporar a galaicos, cántabros, astures, vascones, a docenas de pueblos hermanos y todos con un enemigo común, el Islam. España es el resultado de un Imperio aglutinante, pero con grandes tendencias absorbentes, quizá por una herencia romana muy fuerte (junto a la celtogermana). Lo importante ahora es percatarse de que las naciones, y todavía más las regiones y las nacionalidades subestatales, se han quedado muy pequeñas, que solas no pueden defenderse, que tienen delante enemigos terribles: el capitalismo depredador, lo mismo que el islamismo, son fenómenos de alcance universal. En el fondo, los “grandes relatos” (liberalismo, marxismo) son comunidades universales que proceden de un monoteísmo fanático según el cual el Estado es un mal menor, un accidente o un juguete listo para manipular en orden a conseguir unos objetivos que trascienden toda comunidad orgánica, que siempre es concreta.
La lucha por la nacionalidad propia, por la comunidad concreta, por la identidad regional son empresas por las que siento toda mi simpatía. De hecho, yo he participado a nivel teórico en el resurgimiento del nacionalismo asturiano. Pero, entiéndanme bien: lo primero la identidad y la lealtad. En el momento en que en mi Asturias se me ponen delante unos tipos que, usando a su antojo una lengua asturiana postiza, pretenden resucitar  y festejar un desastre como el Octubre de 1934 o crear una Batasuna de tambor y gaita, yo me aparto como de la peste; o en el momento en que denigran mis símbolos más queridos (y algunos lo hacen), como Covadonga, Pelayo y la Cruz de la Victoria, entonces los mando al garete, los considero enemigos. En España hay separatistas de ultraizquierda, hay “soberanismo”,  lo cual no tiene nada que ver con un verdadero trabajo identitario. Es lo que vemos en los soberanistas catalanes: odian tanto a España que prefieren ver su Cataluña hablando árabe y llena de mezquitas a seguir perteneciendo al Reino y, más en general, a Europa y a la Hispanidad. El Imperio Europeo debe ser una federación de pueblos libres, unidos por un poder fuerte que tome las grandes riendas de la Geopolítica, concediendo la máxima autonomía a las unidades subimperiales, que se ajustarán a los principios de subsidiariedad y solidaridad. Si no nos unimos, nos esclavizarán.

- El cristianismo, desde luego, se encuentra en crisis, precisamente en la Europa que lo vio nacer, pero ¿puede ser sustituido por un neopaganismo, un regreso a los orígenes indoeuropeos (griegos, romanos, celtas, germanos, eslavos), como la auténtica religión de Europa? Parece que en las sociedades occidentales los cultos sagrados han sido sustituidos, de forma efectiva, por la adoración de la democracia y el consumo. ¿Se puede combatir esta deriva mediante un retorno a lo sagrado, principalmente a través de la reivindicación de la naturaleza y la expresión artística de la belleza?

Si neopaganismo significa invención de nuevos cultos, y resurrección fantástica o estrambótica de ritos bárbaros, no veo futuro. Más bien un retroceso. Precisamente el problema de Europa es el problema de su crisis espiritual, su desvirilización. A ella ha contribuído mucho la Iglesia romana, entregada de forma masoquista al universalismo, a la idea irrealizable y fanática de “poner la otra mejilla”. Contemplen el horror del Medio Oriente: ¡están matando a los suyos! Se martiriza a los cristianos, y la Iglesia sigue hablando de “diálogo de confesiones” y “ecumenismo”. Mejor le iría a Francisco, el Papa, predicando una Cruzada. La Iglesia Católica ha perdido su espiritualidad más honda y su ardor... ¿por qué no decirlo? Su ardor guerrero. Esa debilidad es detectada al instante por el radicalismo islámico. Los perros salvajes se excitan con la sangre y se excitan más con la cobardía de la víctima. Son feromonas que se expulsan a la atmósfera. No se puede soportar el espectáculo de una venerable institución de dos mil años, la Iglesia, convertida en una ONG más que, a través de sus apéndices (Cáritas, etc.) ayuda al capital a realizar la sustitución étnica. Las facultades de Teología, la formación sacerdotal, la actividad parroquial, etc. es única y exclusivamente “social”, más y más “asistencia social”, como prolongación  del Estado Providencia. Falta profundidad, falta densidad y captación del Misterio. Las religiones celtas, odínistas, grecorromanas... se han reducido a polvo. Quedan rebajadas al nivel de folklore. En mi propia Asturias hay docenas de mitos y personajes mitológicos pre-cristianos, muy celtas en su fisonomía. Pero estando más vivos que en la mayor parte de las regiones, sin embargo ya son “folklore”, son cuentos que ni a los niños interesan ya. Sobre estos restos no se puede refundar una nueva religiosidad. La mixtura misma del paganismo grecolatino y celtogermánico con el Cristianismo fue lo que nos hizo ser como somos, no la “ética”. Vivimos bajo la inflación de la Ética. Esta educación superficial a base de Imperativos categóricos y Derechos Humanos nos está resecando el alma. Debemos recuperar el Misterio, unido a la heroicidad y a la veneración de la naturaleza y la belleza. Ciertamente, la sociedad tecnocrática y consumista es incompatible con esta recuperación. Y los perros salvajes huelen nuestra cobardía burguesa, bienpensante, nuestra impotencia kantiana.

- Hoy todo el mundo habla de democracia, vivimos en la tiranía del democratismo, de las falacias de la tolerancia y de la transparencia, bajo pena de ser calificado de “fascista” por la nueva inquisición del sistema. Sin embargo, la Nueva Derecha defiende una democracia directa y participativa frente a otras concepciones de democracia representativa o deliberativa, pero realmente ¿en qué consiste exactamente, bajo qué principios deberían los ciudadanos europeos concebir esa democracia?

Hay que conocer nuestra etnogénesis y nuestra historia. Desde los más remotos tiempos poseemos instituciones democráticas de ese tipo, y nada está inventado. Los pueblos indoeuropeos eran una Asamblea de hombres libres (Thing), y la realeza se alzaba sobre estos concejos, literalmente hablando. A don Pelayo lo alzaron (sic) sobre un pavés, en una asamblea de astures y godos, justo como las que se hacían en tiempos prerromanos, e iguales a las que se hicieron en todos los pueblos del inicio de la Reconquista. En mi tierra todavía hay “conceyos abiertos” (concejos abiertos) que se llevan realizando a la puerta de la iglesia o bajo la sombra de un tejo, desde hace siglos, y guardan todo el aspecto de “soberanía ancestral” de entonces. Instituciones parecidas las pueden ver en Galicia, León, Vascongadas, Asturias de Santillana (Cantabria), Suiza, Escandinavia. Una realeza (poder soberano, diríamos ahora) sustentada por la asamblea de hombres libres, ahí queda resumido todo nuestro ser político. Para ello hace falta recobrar la idea de una Comunidad Orgánica, y frenar este proceso de atomización del hombre, que hace de él un don nadie sin patria ni raíces. La identificación más fuerte y primaria es la de una Comunidad inmediata: ahí debería reaparecer nuestra idea de una polis. Nuestros concejos de la Reconquista, como los cantones suizos, lejos de ser semilla de separatismos, de “Reinos de Taifas”, eran no obstante ladrillos para la edificación de grandes construcciones de orden superior.
- Así pues, la democracia total ¿sería una democracia agonal, un sistema político regido por lo conflictual y lo adversarial, un enfrentamiento dialógico dirigido al intercambio ideológico y no a la mera competición electoral? Entonces, ¿cómo resituar la dialéctica schmittiana amigo/enemigo en las democracias europeas?
Quizá ante la inmediatez y solidez de un enemigo, de alguien radicalmente “otro”, por ejemplo el Islam, liberticida, volveremos a redefinir a los amigos y a los meros adversarios. En la Historia, el peligro común despierta alianzas y reaviva el sentimiento de hermandad. Identidades, arraigos y grandes proyectos (regionalismo, Hispanidad, Europeidad...) pueden cobrar un nuevo sentido, más profundo y combativo ante la guerra que se avecina: una Europa como apéndice de una Asia Islámica, o una unión soberana.

- Diversos autores, y desde variadas posiciones ideológicas, tales como Soral, Paoli, Zemmour, Michéa o Lipovetsky, además de Alain de Benoist, nos advierten del peligro de una “feminización del mundo”, esto es, de un proceso programado de desvirilización del hombre, acorde con los principios de debilidad y flexibilidad que imperan en las democracias occidentales, una imagen que choca con el proceso contrario de absoluta masculinización de otras civilizaciones como el Islam. ¿Se trata de un objetivo inherente al neoliberalismo para convertir al hombre en un ser artificialmente infantil, apto para sucumbir al consumismo y al goce inmediatos, evitando al mismo tiempo ciertas actitudes “guerreras” que podrían cuestionar su estrategia de dominación?

 En Europa lo femenino ha sido respetado y valorado como en ninguna otra civilización. El varón lleva en sí una parte de fémina, como supieron ya Platón y Jung, por ejemplo. Y viceversa, la hembra también posee en su fondo un varón que le es propio. Una cultura posee en su alma un hogar, un alma de madre y de doncella, tanto como un aguijón y un brazo de héroe y cazador, que son propios del varón. El consumismo y el capitalismo domestican los instintos de los dos sexos. La marcialidad y el heroísmo no son valores “machistas”, son valores de todos los seres humanos, de hombres y mujeres. Platón recomendó que en su estado ideal hubiera puertas abiertas para las guardianas de la polis. Nosotros tenemos a Boudica, a Juana de Arco, a Agustina de Aragón. Los beduinos del desierto y los árabes no pueden darnos lecciones de virilidad. Al-Andalus fue la patria de la pederastia y de la bisexualidad, unida a la esclavitud más infame de la mujer. El peligro no estriba en la feminización del mundo, sino en la androginia,
- La Nueva Derecha ha elaborado, durante más de 45 años, un auténtico arsenal ideológico, una auténtica cosmovisión desde un tratamiento multidisciplinar. ¿Existe algún partido o formación política en Europa que asuma parcial o totalmente los planteamientos fundamentales de la Nueva Derecha? En caso afirmativo, ¿es posible algún tipo de convergencia entre estas formaciones políticas y los círculos metapolíticos de la Nueva Derecha en Europa?

Estoy muy alejado de la actividad política. Siempre lo estuve. Jamás milité en ninguna formación, y no pienso hacerlo nunca. Desconozco ese “mundillo” y ahora mismo leo textos de la ND, entre muchas otrs cosas, con la única pretensión de comprender mejor nuestro mundo. Es la obligación de todo aquel que se interese por la Filosofía.

- Hablemos ahora del futuro de la Nueva Derecha. En el transcurso de su ya larga vida, la Nueva Derecha ha visto pasar a varias generaciones de autores y pensadores. ¿Qué autores jóvenes destacan en la actualidad dentro del ámbito de la Nueva Derecha? ¿Existen otros autores interesantes al margen de la Nueva Derecha, cuya lectura sea recomendable para completar la cosmovisión de esta escuela de pensamiento?

No soy persona muy indicada para hacer este tipo de recomendaciones. Yo mismo voy leyendo lo que puedo, y voy formándome un criterio que está lejos de ser definitivo. Procedo del materialismo y del marxismo. En estas visiones comprobé fracasos y deficiencias, y un buen día leí cosas de Alain de Benoist, de Guillaume Faye, etc. que me despertaron la curiosidad. Pero todavía no he madurado una visión completa de la ND. Solamente recomendaría, al margen de la ND, a los clásicos del pensamiento, a ser posible, clásicos de siglos pasados. Platón y Aristóteles, como Veblen o Marx, nunca te defraudan,


- Y por último, ¿cuáles son sus proyectos editoriales (libros, revistas, etc.) a corto y medio plazo?

Voy a publicar una novela histórica sobre la Batalla de Covadonga, sobre la resistencia de los astures y otros pueblos hispanos en el momento de la invasión islámica. Está a punto de salir. Creo que redactaré otra más con la figura apasionante de Pelayo como centro de la acción. Con ellas pretendo entretener, claro, pero también despertar nuestra conciencia étnica e identitaria.


1 comentario:

  1. He seguido tu último artículo y la entrevista con sumo interés. No sólo te felicito por tu exposición, sino también por aclararme ideas y sugerirme nuevas.

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