viernes, 8 de enero de 2016

La lógica y el instinto

Debemos hacernos a la idea. Al hacerse el mundo más pequeño, todas las amenazas antaño exóticas las tenemos ahora en casa. El peligro ya no duerme, es un monstruo que se pasea por casa, como en las peores pesadillas, exactamente como en las más impactantes novelas y películas de terror. La deseuropeización de Europa ha traido este rosario de horrores, y la cosa no ha hecho más que empezar. Las consecuencias inmediatas de la Gran Ocupación del continente, en 1945, no hacen más que desplegarse, con ineluctable y hegeliana precisión. La Lógica es implacable: no hay Imperio sin contra-imperio, y no hay dos sin tres. El imperio yanki ha sembrado ideología y bombardeado toda esa parte occidental de la gran Eurasia, frente al contra-imperio de soviéticos y comunistas chinos. Del reparto de satélites y periferias, del control geoestratégico de recursos mundiales, ha salido, alimentado por el Imperio yanki, el monstruo islamista. No hay uno sin dos, y no hay dos sin tres.

Lejos de quedarnos felices y embobados bajo la Democracia Universal para todos, liberal y proamericana (Fukuyama), lejos de instaurarse en una paz eterna vigilada por el Yanqui, nos encaminamos hacia el Gran Caos.


Un liberalismo tenaz y destructor de la Civilización, en virtud de la ideología de la Economía capitalista (neocons, globalizacón), combinado y reforzado por un “marxismo cultural” (contradictorio cien por cien con el marxismo económico, que es anti-capitalista), fruto de la propaganda americana y mundialista, nos han dejado sin armas, sin  capacidad de respuesta. Este programa de inoculación de la impotencia (el “marxismo cultural”) incluye en su seno la desintegración de la familia, de la decadencia de la instrucción popular, destrucción de las raíces culturales e identitarias y la imposición de la ingeniería social. Mientras tanto, los imbéciles y hemipléjicos morales (cito a Ortega, nuestro gran Ortega) siguen hablando en término de “izquierda” y “derecha”.


Señores, cuando está en juego la Identidad de los pueblos, y su estructura convivencial -eso que llamamos Civilización- no hay “izquierdas” ni “derechas” que valgan. Se trata de hacer frente a los invasores y se trata de localizar y someter a control a los caballos de Troya. Nunca, nunca en la Historia de las Civilizaciones, una de ellas, la Nuestra, se ha entregado a sus enemigos con grado tal de pasividad y masoquismo. Las comparaciones entre nuestra actual decadencia europea con la decadencia de la Antigüedad clásica muestran grandes limitaciones. Todavía hubo bravos romanos en aquel entonces, y mestizos de romanos y germanos que murieron peleando por una idea, un “Imperio”, en medio de la molicie degenerada que Roma ya era en el siglo V d.C. Todavía aquellos bárbaros godos, francos, longobardos, etc., cuando pasaban delante de las ruinas que ellos asolaban, se inclinaban con sumo respeto, se “rendían” ante ese Imperio recién destruido y se disfrazaban, al instante, de romanos: ellos mismos, sus destructores, sabían reverenciar al cadáver y hasta levantar estructuras pseudomórficas (Spengler, otra vez). Pero estos bárbaros de ahora son otra cosa. Ellos no quieren aprender nada de nosotros. Su “ortograma” (cito a Gustavo Bueno) es depredador. La “fe” que les posee, si se puede hablar en muchos de ellos de una fe, es la fe de una Comunidad Universal mística, que consiente la muerte, la esclavitud y la violación del infiel. Nunca les vamos a “romanizar”. Parasitan, cuando aún son débiles, pero conquistan y sojuzgan cuando se ven con alguna fuerza y tienen armas en la mano. Nunca necesitó Europa tanto de “ese pelotón armado que defienda la Civilización” (cito a Spengler). Si el Estado no nos pone, entre ellos y el Pueblo, a un pelotón armado, tendrá que ser el propio Pueblo quien tome la iniciativa de la autodefensa. Por encima de las ideologías están las naciones, los pueblos, la Civilización, vale decir, la propia supervivencia colectiva. Las ideologías tóxicas, al llegar a un caso límite, acabarán descubriendo el pastel. El pueblo poco adicto a esas ideologías (“¡Bienvenidos! ¡No existen las patrias! ¡Todos somos hermanos!”) reaccionará con su sano instinto de supervivencia, con su sano sentido común. No pueden demonizar el sano sentido común, no pueden lanzar un anatema contra el instinto de supervivencia. En una Europa envejecida, intoxicada e impotente todavía pueden quedar gérmenes de ese instinto biológico, y arquetipos inconscientes que se reactiven. Los invasores no pueden parasitar nuestros recursos sociales, imponer sus propias y primitivas leyes, violar a nuestras mujeres. No pueden. La lógica y el instinto se unirán y dirán bien alto, aun cuando sea con palos en la mano: “cada uno en su sitio”.

2 comentarios:

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  2. Excelente artículo-ensayo. Mis felicitaciones.
    Soy Ramón.

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