miércoles, 17 de junio de 2015

Las Asturias y Las Españas



El pasado mes de mayo nos dejó el insigne polígrafo Xaviel Vilareyo y Villamil (1966-2015). Poeta, ensayista, dramaturgo y muy activo animador cultural en múltiples campos (cine, internet, teatro), su pérdida no se puede reparar. En el aspecto en que mejor le conocí, el ensayo, debe decirse que Vilareyo fue un destacado escritor en lengua asturiana (también escribió en lengua eonaviega) y un importante teórico identitario de Las Asturias.


Su obra, por motivo de las lenguas en que está expresada en su mayor parte, es muy poco conocida fuera del ámbito geográfico y cultural Asturias y del asturianismo. En Las Españas es casi desconocida. Esta pequeña semblanza que ahora os presento trata de suscitar la curiosidad de todo el mundo, dar a conocer esta importante figura, figura clave para entender las vías por las que habría de transitarse en el futuro, con vistas a una recuperación de nuestro ser identitario en Asturias y en España. Por eso la redacto en la lengua común de todos los españoles, el castellano. ¿Y por qué hacerlo empleando, como lo hago a la hora de refirme a mis naciones, el plural? ¿Qué significa hoy hablar de “Las Españas” y “Las Asturias”?

El plural empleado a la hora de refirme a estas dos naciones se ajusta con el rigor histórico y la pluralidad étnica en la que vivimos los habitantes de la Península Ibérica. El plural me parece exacto al referirse tanto a Las Españas como al núcleo inicial y germinal de las mismas, Las Asturias. Y supone una búsqueda de armonía o coherencia entre ambas realidades nacionales. Realidades nacionales que no se oponen, no se contradicen. Yo creo que mi antiguo profesor, don Gustavo Bueno, también en esto se equivoca: sí existen naciones de naciones. Y las Españas es un ejemplo. 

Xaviel Vilareyo es un ejemplo de nacionalista asturiano absolutamente incomprendido entre los suyos, denostado en la “diana” al que inicialmente iba dirigido su mensaje, marginado entre el público al que de manera inmediata tendría que estar destinada toda su producción. El pequeño público del nacionalismo asturiano se encuentra, desde 1974, absolutamente colonizado por la extrema izquierda, ora de índole centralista e internacionalista (el “españolismo” del PCE y sus grupúsculos satélites) ora por el “vasquismo” separatista y criminal, aleccionado desde formaciones "abertzales".

Es explicable que la postura de un escritor identitario, que defiende un nacionalismo no teñido por ideologías extrañas, ajenas, fuera denostada por este sector autodenominado “soberanismo de izquierdas” o “izquierda soberanista”, en la propia Asturias.  La defensa de una lengua, de un patrimonio, de una territorialidad, de unos derechos históricos, de una tradición, de un folklore, no tiene absolutamente nada que ver con ideales separatistas ni con luchas de clases o proyectos revolucionarios de ningún tipo. La defensa del bable (asturiano) y del eonaviego (la lengua de transición entre el gallego y el asturiano occidental) tampoco tiene por qué ser un arma de confrontación o un instrumento de afirmación política. En esto, nos parece, Vilareyo fue un autor ejemplar. Se le ignoró, se le despreció, se rieron de sus empresas y anhelos. Pero sin duda pasará a la historia. Algunos, que le leímos y le tratamos (aunque fuera de un modo más bien “virtual”) nos hemos comprometido en su recopilación y difusión porque sabemos de su importancia identitaria. Pronto se verán los frutos, espero.

El gran anhelo de Xaviel, nos parece, fue reconstruir la integridad territorial de Las Asturias/Les Asturies.

Las Asturias fueron dos, no se olvide, Asturias de Oviedo y Asturias de Santillana. Hubo otras regiones que también ostentaron el nombre de “Asturias” (las de Tineo, las de Trasmiera) aunque con una trascendencia histórico-política secundaria en comparación con estas dos que hemos citado primero. La obra de Vilareyo que ahora estamos recolectando de entre numerosos blogs y escritos dispersos es un ejemplo de lo que debería hacerse en todas Las Españas: volver al rigor histórico, a los antiguos reinos, principados y señoríos, a los verdaderos receptáculos de soberanía, para hacer así de nuestro Estado una Comunidad plural y fuerte, con máxima lealtad entre pueblos hermanos, y con una máxima identidad y pleno autogobierno para cada uno de los pueblos componentes.

Vilareyo nos recordó cuán importante es la historia: hasta el atropello de 1833 cometido por Javier de Burgos, Las Asturias eran dos en una. Una nación con dos regiones. las Asturias de Oviedo (actual Principado de Asturias) y las Asturias de Santillana (en parte, actual territorio de Cantabria). Al igual que otros ilustres predecesores (Gumersindo Laverde, Menéndez Pelayo, Maximiano García Venero), Vilareyo insistió en la comunidad étnica de los "astures" y "cántabros", en la identidad nacional que comparte. Los atropellos de 1833 prosiguieron después de 1978, con la Nueva Restauración Borbónica y semidemocrática, y en especial con el desarrollo del llamado Estado de las Autonomías: la arbitrariedad en la política territorial, y el miedo a un confederalismo serio.

Un confederalismo tomado en serio que fue bloqueado por jacobinos madrileños o por separatistas vascos y catalanes. Centralistas y centrífugos impidieron reformar el Reino, hacerlo y vigorizarlo de nuevo, basándose de una vez en la Historia y en la Etnicidad. Las diecisiete taifas arbitrarias supusieron un duro golpe a la autoestima de los pueblos ibéricos, un duro golpe a la identidad de los pueblos, valladar de toda nación que, siendo plural, desee ser nuevamente fuerte y respetada. Yo por lo menos lo he constatado en los pueblos del Noroeste, los de mi ámbito, los del área digamos “céltica”, que coincide muy bien con la geografía del viejo Reino Asturleonés.


Creo que, además de los enlaces que aquí ofreceré, no estará de más ofrecer -en lo sucesivo- algunas traducciones al castellano de ciertas partes de sus escritos. Vilareyo, descansa en paz y gracias por tu obra.

Para ampliar:


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