sábado, 11 de abril de 2015

Reconquista o Esclavitud

Es un hecho comprobado que la España mora, al-Andalus, fue una sociedad esclavista. Su modo de producción se acercaba, en muchos aspectos, al de un “capitalismo”, capitalismo esclavista, muy desarrolado en comparación con las rudimentarias estructuras agropecuarias de los reinos cristianos. Al-Andalus era urbano, Asturias era rural. En al-Andalus había cecas, esto es se acuñaba moneda, y la moneda circulaba, en el Reino de los Astures no. Córdoba, Toledo, Sevilla, y muchas otras ciudades moras eran, de verdad, capitales con entidad urbana. Oviedo, en cambio, era solamente un sueño, una pretensión: ser la nueva Toledo. Pero al-Andalus, tan rica y avanzada, era una sociedad enferma. Había heredado las miserias del esclavismo romano y visigodo, y además, las había incrementado de manera notable. Se instituyó la pederastia, la poligamia, el harén, el negocio de la trata de seres humanos, incluyendo sementales y eunucos. Los musulmanes crearon un Estado dominado por grupos extranjeros que ejercieron una verdadera opresión sobre la población hispano-romana. Los islámicos crearon un sistema tributario opresivo sobre la población nativa, y el afán de riquezas y de esclavas y esclavos sexuales fue el verdadero motor de su conquista y dominación sobre los pueblos de Hispania. De no alzarse Pelayo y los astures y cántabros, junto con una minoría goda, es seguro que esta Península, la más “occidental” de Europa, sería, –ahora mismo- la región más “oriental” de nuestro continente.


La esclavitud vergonzosa y deplorable que los cristianos de la edad moderna ejercieron sobre los negros, llevándoselos a las Indias, estuvo precedida por una esclavitud no tan conocida ni lamentada. En el islam se llevó a cabo una intensa actividad de esclavitud de blancos europeos (cristianos y paganos), tráfico y explotación que se dio a partir del siglo VIII y no cesó hasta bien entrado el siglo XVIII. Los judíos, en puntos estratégicos como Barcelona, proporcionaban a los islamistas esa “carne humana” en abundancia. A todos los esclavos europeos de los islamitas se les llamó “eslavos” por ser de esta etnia los más abundantes (al-saqaliba, al-jurs). Eran centroeuropeos, nórdicos, germanos o eslavos, que eran traídos en cuerdas hasta la España emiral o califal, y vendidos en subasta pública para destinarlos a los harenes, a los ejércitos, al servicio, a la administración, al placer. Por su gran semejanza física con ellos, los habitantes de las zonas norteñas rebeldes a Córdoban, astur, galaica, vascona, cántabros, etc. también eran llamados “eslavos”, y no debían ser pocos, dadas las frecuentes aceifas de los musulmanes en tierras del norte. Este dato que reflejan las crónicas da a entender que la presencia física de nuestros antepasados del norte era todavía muy distinta a la presencia de los habitantes del sur y del levante de España, y mucho más parecida a la de los centro y nordeuropeos, pues los andalusíes entonces metían a todos los esclavos blancos en un mismo saco. Ahora, las diferencias entre los españoles se han reducido mucho y somos todos mucho más semejantes en las diversas regiones.


En las ciudades andaluzas se llegaron a formar barrios formados por esclavos y descendientes de esclavos procedentes de Galicia (Yilliqiya), Asturias (Asturis) y Navarra (Al-Busquns) (vide: Ahmed Tahiri, Las clases populares en al-Andalus, Editorial Sarriá, Málaga, 2003; p. 48). Los judíos bajo el islam dieron a al-Andalus importantes capitalistas financieros y comerciales. Los empresarios judíos, después de haber aboerto las puertas de Hispania a los invasores moros, comerciaron con personas blancas –peninsulares o ultrapirenaicas- en sus dos modalidades, como eunucos y sementales.



Los Reinos y condados cristianos del norte lucharon, al principio, por su mera supervivencia. Vivir en libertad, no caer en cautiverio, librarse de tributos onerosos, esas debieron ser las iniciales motivaciones de la lucha armada de los nuestros para no caer, una vez más, en una nueva opresión. Si opresivo fue el Reino Godo, mucho más iba a serlo el dominio islamista en Emirato y el Califato. El poder moro fue una continuación –en cierto modo- de aquellos modos económicos de dominación anteriores, pero con el agravante de representar una completa alteridad cultural y religiosa. Los “moros” de al-Andalus eran, en realidad, un mosaico étnico, de imposible fusión, con una pésima convivencia de sus gentes (bereber, muladí, baladí o árabe, judía, mozárabe, negra). Sólo por la dominación –siempre discutida- de una minoría árabe, se dio coherencia a tal barahúnda política. Los opresores romanos y godos de orígen –terratenientes, senadores, nobleza goda- pronto se islamizaron para seguir explotando a su pueblo en compañía de los extranjeros dominantes desde 711. En cambio, la España nórdica, cristiana o no, peleaba y repobabla buscando espacios de libertad. De los primitivos concilios astures brotarían las Cortes de León, primera monarquía “parlamentaria” de Europa. De la política de repoblación astur, brotarían los concejos libres y los labriegos guerreros de Castilla y León. La Reconquista fue mucho más que una aventura de reyes y magnates. Fue una empresa popular desde los inicios, una lucha denodada por evitar caer en la esclavitud.

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