sábado, 21 de febrero de 2015

Europa amenazada

Europa está amenazada. Nunca antes ha sufrido una amenaza de esta índole. Y lo peor de una amenaza no consiste en el carácter salvaje, brutal, de la misma, sino en la incapacidad del amenazado para reconocerla, en la impotencia y en la cobardía.

La amenaza es muy superior a la que, en su día, años 30, representaron las dos ideologías totalitarias del nazismo y el bolchevismo. Éstas, a fin de cuentas, eran precisamente eso, “ideologías”, productos degradados de la Ilustración europea. Un mismo fondo común y una misma raíz conceptual hubo para el liberalismo, el marxismo y el nacional-socialismo, detectable por debajo de sus aparentemente enormes abismos de separación recíproca. El pensamiento decimonónico de la “lucha por la existencia”, en versión liberal (darwinismo social), marxista (“lucha de clases”) o nazi (“superioridad racial”) era parte importante de una y la misma raíz común de la Modernidad, junto con la fe en el Progreso, la asunción de un materialismo radical, una confianza plena en las bondades del desarrollismo técnico e industrial, una apología de la “ciencia”. Estamos hablando de productos netamente europeos, nocivos los tres, enfermedades degenerativas del espíritu de la Ilustración, pero susceptibles de diálogo, de conmensuración, aun cuando se trate del diálogo a cañonazos que jalona la historia de nuestra Civilización.


Pero esta amenaza de hoy, el islamismo, es distinta y definitiva. No nos jugamos la supervivencia de una visión –unilateral del Mundo, nos jugamos la supervivencia de una Civilización. Los nazis y los bolcheviques, aun contando con aliados e infiltrados por todo el mundo, se apoyaron en estados soberanos “centrales”, dotados de ejércitos y fronteras. Disponían de estados y ejércitos susceptibles de ser vencidos y ocupados o, como en el caso soviético, susceptibles de ser frenados territorialmente y vigilados con los métodos convencionales –de raigambre europea- de la diplomacia y la disuasión militar.
Lo del Islam es otra cosa. No tiene nada que ver. El sector más violento de esta Civilización es peculiarmente salvaje, y su lenguaje fanático. Su “lógica” es inconmensurable con la lógica de los europeos, norteamericanos y demás prolongaciones occidentales. Precisamente esta irreconciliable lógica hace que nuestro enemigo sea peor, sea un enemigo terrible y no haya marco común para un diálogo. Ni siquiera un diálogo a cañonazos, como fue el “diálogo con el nacionalsocialismo”. Se trata de una lucha “existencial” y no de una lucha ideológica.

Veamos algunas diferencias con anteriores enemigos conocidos en la historia. Sólo son algunas, y no somos exhaustivos.

  1. 1. -El Islam no posee, como decimos, un “Estado central” al que derrotar. La política y la propaganda norteamericana quiso presentarnos durante muchos años al Irán fundamentalista como ese “Estado central”, de manera análoga a Alemania fue el Estado central del nazismo, o la URSS el Estado central del comunismo. Ahora ya se van viendo muchas cosas: las corruptas monarquías y despotismos del Islam son, a la vez, aliados de los USA y enemigos de Europa: exportan terroristas y financian a las guerrillas y grupos armados de la manera más impune. 
  2. El Islam ya ha penetrado en Europa. Cuenta con millones de adeptos. Muchos poseen ya la nacionalidad de los estados miembro y otros son ya “europeos” de segunda generación. Al formar parte de otra Civilización de procedencia, y no de otra Civilización cualquiera, sino de una Civilización que desde el inicio fue expansionista, universalista, despótica e incapaz de contenerse en su propio ámbito regional en el mundo, para sus miembros las cuestiones ideológicas en que nos hemos debatido los europeos son absolutamente secundarias. La imposible integración en Europa de estas masas de personas será siempre el terreno abonado para el fanatismo religioso y el choque cultural dentro de nuestras democracias. Y la integración imposible se explica por la incompatibilidad de los valores de la Civilización huésped y los de la Civilización hospedada o incrustada. Una vez que se ha rebasado el umbral de la minoría dispersa o susceptible de disolución en la mayoría nativa, los desarraigados de su patria natal, y a la vez faltos de raíz en la patria de acogida, optarán por unirse y buscarse entre sí en torno a un fundamento doctrinal lo más simple y brutal que puedan, para alcanzar su identidad como quinta columna y como vanguardia del Islam en el mundo libre: la violencia justificada en términos religiosos y la imposición de sus “valores” civilizatorios simplificados y sacados de su solar originario (países de desierto, asiáticos y norteafricanos) en virtud de la ley de la fuerza. Una fuerza que ellos ya ven que les falta a las sociedades decadentes europeas.. El Islam no es ideología, es una Civilización que nunca debería haber excedido los espacios geográficos de donde surgió y en donde se aclimató a lo largo de los siglos. Los europeos de esta parte occidental devolvieron, entre 722 (Asturies) hasta 1492 (Granada) esa Civilización al sur del Mare Nostrum, donde arraigó para durar. Nos separa el estrecho de Gibraltar , que jamás debería haber cruzado. Las incrustaciones que Europa se ha permitido de estos “cuerpos extraños” después de la II Guerra Mundial van a ser nocivas precisamente por la incompatibilidad de los valores fundamentales de las dos Civilizaciones.
  3. El Islam, tras la caída del bloque comunista, es una de las Civilizaciones “emergentes” tanto desde el punto de vista demográfico como desde el punto de enfoque territorial. No ha hecho más que crecer. Mientras que Europa envejece (el “invierno demográfico”) y su peso relativo como potencia económica y militar no hace más que bajar, hasta el punto de que no resistiría el menor embate sin la “tutela” de los USA, la población mundial, incluso en nuestro continente, se va volviendo más islámica. Aumentan también los “conversos”. La Europa, hoy empequeñecida, y manejada a su antojo por la igualmente decadente Norteamérica, debería reforzar lazos con otras civilizaciones igualmente emergentes, como la rusa y la china, con el fin de parar este monstruo.

1 comentario:

  1. El Islam no ataca a Europa como tal, sino al Occidente liberal-democrático. Creo que censuras en exceso los fascismos para ser un discípulo de Spengler. Toda aspiración hacia el Imperium europeo habría de construirse a partir de una corrección, mejora y superación del fascismo originario.

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