domingo, 21 de septiembre de 2014

El Complejo de Culpa en Europa

El Complejo de Culpa en la civilización europea se encuentra muy arraigado y extendido. No deja de ser normal que este Complejo se forme y se propague en una civilización vieja, "decadente" desde muchos puntos de vista. Cuando Europa era un sistema de naciones y culturas en forma, más o menos hasta el siglo XVIII, las raíces de este Complejo se habían afianzado muy dentro de su humus a consecuencia de la larga judeo-cristianización de su alma. La necesidad de pedir perdón por actos y procesos que, se mire como se mire, forman parte necesaria de la vida de los pueblos, y ya pasados, no podía dejar de ocasionar efectos deletéreos en las conciencias del hombre casado de la gran urbe europea. Así y todo, plenamente cristianizados, los pueblos europeos habían logrado en la Modernidad articular un sistema de relaciones con un nomos, un nomos que no excluía la guerra, y que abarcaba también la diplomacia, el comercio, el intercambio de ideas y la delimitación recíproca de zonas geográficas y de influencia. El nomos comenzó a violarse a partir de las guerras napoleónicas y, de manera más reciente y brutal, a partir de la II Guerra Mundial. 

El Complejo de Culpa de nuestra civilización consiste en arrepentirse de lo ya hecho, pero incluso de lo ya hecho por otros, arrepentirse de lo irreversible, arrepentirse de cuanto fue dictado por necesidades vitales de otros momentos.

Los españoles mataron indios hace cuatro siglos, y ha de pedirse perdón a unos supuestos indios actuales, ciudadanos americanos del siglo XXI que aprenden español en la escuela y a los que les enseñan a aceptar y exigir el perdón. Los ingleses y portugueses, por ejemplo, traficaron con negros esclavizados, y un ciudadano negro, que puede hablar perfecto inglés o portugués, que viste corbata en vez de llevar argolla, acepta o exige la petición de perdón de unos europeos que nacieron siglos más tarde y que carecen de responsabilidad individual por aquellas atrocidades del pretérito. El descendiente de esclavos puede ahora ser –a su vez- un perfecto explotador de esclavos asalariados, pero acepta perdones y mira con condescendencia a las razas y naciones inicuas con la suya para la eternidad. El racismo de otrora es el racismo de hoy, aunque se invierten los papeles. Hay que privilegiar "razas" que fueron esclavizadas y oprimidas... luego hay que perseverar en el racismo de la llamada "discriminación positiva".

La historia entera se moraliza, se contamina de una visión clerical y maniquea: hay buenos y malos no sólo entre los individuos sino entre las naciones. Y así como el individuo arrastra con la condena moral de los demás aunque ya haya cumplido condena penal, el pueblo o nación genocida arrastra esa mancha infame para siempre. La reparación de daños será infinita, o por mejor decir, imposible. El Complejo de Culpa interiorizado en un pueblo o nación jamás se lavará si la mancha es trascendente: trasciende a las generaciones futuras. El blanco será colonialista y esclavista para siempre. El español será asesino de indios y de herejes para siempre. El alemán será nazi para siempre. Y así sucesivamente.

Tal condena infinita, trascendente, para la eternidad, va enteramente unida a una visión religiosa y fanática que tuvo su origen en el monoteísmo. Nietzsche hablaría de una inoculación judeocristiana sacerdotal. El vitalismo espontáneo de los pueblos indoeuropeos quedó severamente dañado el día en que otra cosmovisión fundada en la Culpa, el Resentimiento y en la Venganza infinita puso sus garras en los celtas, latinos, germanos, helenos, eslavos, etc. Los elementos propios de una religión levítica, foránea, incompatibles con la cosmovisión nativa de los indoeuropeos, se transmitieron –según este pensador- desde la religión hebrea hasta el cristianismo. Antes del Cristianismo, nos dice La Genealogía de la Moral, por ejemplo, la venganza era directa, descargada sin dosis acumuladas del veneno "resentimiento". El golpe se devolvía, sin más. La violencia era frenada con violencia "sana" que reparaba el mundo y en él, reparaba los agravios. Entre gentes libres y armadas, donde la función "sacra" o sacerdotal (dentro de la tripartición de funciones del indoeuropeo) nunca está reñida con la guerrera, sino que antes bien supone la complementación elevada de ésta, la devolución del daño recibido con otro daño nunca es resentida. No se pospone, no se enquista, no se envenena. El "noble" no admite dilaciones ni mecanismos sustitutivos. El "noble" en tiempos primitivos respeta a todo agresor. Incluso cuando mata o daña a un ser inferior, no lo hace con regodeo ni con exaltación compensatoria. Lo hace por "deber". Es lo que el ser inferior debe esperar de alguien más fuerte, valiente o esforzado. Al aniquilarle o derrotarle, en cierto modo se le respeta: era un rival. En cambio, el espíritu sacerdotal, sabedor de su inferioridad en fuerza, valentía, entrega, busca una "superioridad" compensatoria: astucia que vence a la fuerza, sutileza y argucias que triunfan del valiente, tenacidad en la espera y capacidad inmensa para aguantar humillaciones durante años antes de devolver el golpe con mucho más veneno.


El Complejo de Culpa es alimentado, fomentado con redoblados esfuerzos por parte de ciertos agentes internacionales de gran poder. Ya no son únicamente las iglesias. Hay ahora numerosos lobbies, organismos internacionales, corporaciones transnacionales, estados, etc. que hacen las veces de una Iglesia alimentadora del Complejo de Culpa. El espíritu sacerdotal de nuestros días puede palparse bien en las relaciones entre Europa y el llamado "Tercer Mundo". Importa muy poco que la ayuda humanitaria y el enjambre de ONGs no sean efectivos en modo alguno. Ningún país del Tercer Mundo ha logrado desarrollarse con la ayuda económica o en especie que el "mundo opulento" otorga a todos esos países pobres o en vías de desarrollo. La ayuda en realidad es ayuda a los gobiernos despóticos y corruptos que habitualmente se instalan en el poder de esos países. Los funcionarios y otras élites se quedan con numerosos bienes y fondos donados, bien para lucro personal, bien para saldar una deuda externa extenuante. Por otro lado, los mensajes lacrimógenos que exigen del europeo un donativo no invocan ya tanto la piedad, la conmiseración, la compasión... sentimientos todos ellos legítimos y naturales en un ser humano, sino la Culpa. "Vd. es culpable de comer bien, de disfrutar de agua corriente en su casa, de contar con dos autos o de un apartamento para las vacaciones mientras que a los niños africanos les devoran las moscas". "Vd. no hace nada y lo tiene muy fácil: ingrese un dinero en esta cuenta corriente". Y se supone que ese "Vd." al que se le reclama una ayuda bajo pena de remordimientos morales interminables, bajo la tortura del Complejo de Culpa, es un descendiente de aquellos explotadores, de aquellos esclavistas, un tataranieto de inquisidores, conquistadores, imperialistas y racistas. 

Efectivamente, esta manera de enfocar las relaciones entre el Primer y el Tercer Mundo es inaceptable, y no se sostiene con la razón. Nadie, en España o en Europa, como ciudadano de a pie y vivo en el siglo XXI, absolutamente nadie es culpable de la falta de desarrollo de los países que antaño fueron colonias. Las compañías multinacionales y los Imperios actuales tienen la culpa, o son la causa de ese desarrollo desigual o frustrado. Incluso en el ámbito colectivo y en la historia de los Estados, las continuidades y genealogías de Culpa son más que discutibles. ¿Hasta qué época llega la "memoria histórica"? La "Leyenda Negra" del Imperio Español, a parte de su falsedad o exageración ¿se extiende sobre el actual Reino de España? La expulsión de moriscos y sefardíes ¿les garantiza un derecho preferente a obtener la ciudadanía española pues, como se dice tan a menudo, "en el siglo XV fueron españoles"? ¿Tengo yo responsabilidad o culpa sobre lo que pudieron haber hecho unos gañanes del siglo XVI?

¿En qué siglo de la historia comienza a tener efectos culpabilizadores una "memoria histórica"? Quien escribe estas líneas ha leído por internet auténticas necedades por parte de "soberanistas asturianos" denostando la figura de don Pelayo. Según la nueva inquisición de la izquierda islamofílica, don Pelayo sería un tipo muy poco recomendable, claramente un "xenófobo" que no admitió dejarse "civilizar" por la "culta y refinada civilización del Califato. Otro tanto se diga de la Fiesta de Asturies, el 8 de septiembre: día de La Santina, esto es, día de la Virgen de Covadonga. Ya no es políticamente correcto venerar a la Señora de los asturianos a quien la leyenda popular le atribuye una aportación decisiva, aplastando con las piedras del monte a los moros invasores y tornando hacia su origen las flechas sarracenas, siempre en apoyo de los astures y godos rebeldes. Los dementes de cierta "memoria histórica" pretenden eliminar esa fecha festiva, mezclando sentimientos laicistas ("la fiesta de Asturies no puede ser un día de celebración mariana, católica, confesional") con una esquizofrénica islamofilia que no acabo de comprender en un laicista. 


Pero esto es ridículo: Pelayo, Asturies, España y quizá Europa misma existen precisamente porque no hubo "diálogo de las civilizaciones", o sí lo hubo, y fue precisamente el diálogo de las espadas, las catapultas, los fundíbulos, las lanzas, las cabezas cortadas y amontonadas en el campo de batalla. No se pretende ahora un pensamiento agresivo hacia otras culturas y civilizaciones. Lejos de eso: lo deseable sería cada una de las civilizaciones se circunscribiera a su área territorial propia, bien delimitada, y respetándose a distancia. Pero lo crucial es amar y defender la Tradición propia. Los pueblos del "Tercer Mundo", incluyendo los islamizados, los indígenas de América, los negros africanos, etc. aman mucho más sus propias tradiciones que nosotros, los pueblos de Europa, aquejados del Complejo de Culpa.



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