lunes, 26 de mayo de 2014

Notas sobre los astures y las barbaries diversas.

Notas sobre los astures y las barbaries diversas.

Donde hay Alta Cultura debe haber una Barbarie, y viceversa. Lo decisivo es llegar a comprender que Barbaries las hay de muchas especies, como nos enseñó Carlos Alonso del Real en su libro Esperando a los Bárbaros. Y también es fundamental reconocer que la condición o estado de Barbarie no es, de por sí, negativa. Las barbaries fueron momentos o causas de destrucción y retraso coyuntural para las Altas Culturas, pero también pudieron ejercer el papel higiénico, renovador, progresivo, en la Historia Universal, papel que muy comúnmente les ha sido reconocido en la Historia. 

Además, la condición o estado de Bárbaro no es una propiedad fija y eterna, desde siempre o para siempre adscrita a un determinado pueblo, nación, cultura. La historia de una unidad cultural determinada puede arrojarnos de ésta aspectos propios de un barbarismo, aspectos de Alta Cultura, aspectos de Alta Cultura en regresión y repliegue, recaídas irreversibles en la Barbarie, resurgencias, contagios de primitivismo y barbarización, refundiciones con nuevas y distintas Altas Culturas, y un sinfín de posibilidades más. La lección que nos suministra el estudio de una unidad concreta es que en distintos periodos de su devenir histórico un determinado pueblo es, muchas veces, bárbaro extraliminar, intraliminar o sujeto de una Alta Cultura, dependiendo de su situación y su dialéctica con otros pueblos vecinos y, especialmente, rivales.

Me parece que este es, justamente, el caso del pueblo que, a grandes rasgos, venimos llamando "Astures" desde hace más de dos mil años, y que por afinidad etnológica evidente, podríamos ampliar hasta abarcar a los cántabros, toda vez que las fuentes grecorromanas nos transmitieron unas denominaciones un tanto arbitrarias, que han ocasionado un nominalismo muy poco útil.

Es evidente que los asturcántabros de las guerras romanas de conquista fueron "bárbaros extraliminares" hasta el momento mismo de su derrota y conquista. Las fuentes romanas y griegas transmiten datos, descripciones, valoraciones, etc. desde la Alta Cultura y por ello no deja de haber admiración, extrañeza, desprecio y demás actitudes ante pueblos "en un nivel inferior" de cultura como eran los astures y los demás pueblos ibéricos. Tras la conquista, a lo largo de toda la fase imperial, los astures y cántabros (ahora denominados insistentemente "indígenas" por unos académicos reacios a recordar los etnónimos en los que inevitablemente hemos de basarnos) pasan a ser unos bárbaros intraliminares, en proceso mayor o menor de aculturación, según zonas geográficas. La muestra más clara de esta aculturación la tenemos en la pérdida de sus lenguas nativas (muy posiblemente célticas o celtizadas en buen grado antes de la conquista) y la consiguiente asunción del latín, lo que fue llave para la incorporación de estos pueblos a la Alta Cultura: la romanidad, primero, y la cristiandad, al lado y después de ésta.

Resulta interesante manejar la hipótesis de que en el periodo de las monarquías sueva y goda estos bárbaros intraliminares y aculturizados en grado avanzado (hablando un latín que prefiguraba ya la lengua asturiana actual, y cristianizados en gran medida, aunque conservando rituales, calendarios y procesos de interpretatio muy celtizados), vayan poco a poco reactivando su identidad. Los bárbaros intraliminares pasan a ser bárbaros potenciales (resistentes, si interpretamos la revuelta de los Ruccones como revuelta astur). Los bárbaros potenciales nórdicos se rebelan contra unos bárbaros germánicos (suevos y después godos) que ya se presentan como herederos de la Alta Cultura (Toledo es Roma, y las Asturias se presentan de nuevo como un difuso limes). Pero a la altura del 711 y la Invasión mora, esa condición de limes sólo podría aplicarse a las fronteras con los vascones (más bien "primitivos" que bárbaros en la terminología tradicional). Astures y cántabros, después de ser bárbaros potenciales para los germanos sureños de Toledo, que se arrogan el papel de la Alta Cultura, pasan a ser miembros de pleno derecho, pero no por ello asimilados (como se ve en Covadonga y en las Crónicas Asturianas) de la Alta Cultura visigoda. Visigodos que reinaban sobre hispanos, pero también sobre restos de antiguas barbaries que la invasión mora reactivarán.

Cuando llegan los moros a aquella Hispania regida por los godos, "bárbara" en comparanza con Bizancio, pero Alta Cultura en comparación con los francos, sajones y los propios musulmanes, en 711, resulta que las condiciones vitales para la supervivencia ante el empuje musulmán son precisamente las que requiere la barbarie sin más: valor guerrero, austeridad de vida, estructura clánica, igualación social en el proceso de una "democracia guerrera" que rompe del todo con el protofeudalismo visigótico y con la pseudomorfosis (en el sentido spengleriano) del reino toledano. En Oviedo nace Europa y nace el alma faústica. Tan sólo unas pocas décadas antes, en Toledo sólo había pseudomorfosis, esto es, lo romano decadente.


Desde entonces, desde Covadonga, se advierten las "dos Españas". No la atlántica y mediterránea en el sentido de que nos hablaría un determinismo climático o geográfico. Sino la España fáustica, que necesitó de Covadonga (no como batalla militarmente descomunal, que posiblemente no lo fue, sino como símbolo, como idea) para nacer: necesitó de los moros para nacer, dialécticamente, reactivamente. Y la España mediterránea, en cambio, anclada en la pseudomorfosis y ya muy "árabe" (también en el sentido spengleriano) incluso unos siglos antes del desembarco de Tarik en 711.


Los hispanogodos de entonces vieron aquellas tropas de bereberes comandadas por árabes como auténticos bárbaros clásicos: más fuertes en el ardor guerrero, más atrasados culturalmente. Al principio, la refinada cultura urbana de Hispania vio en la morisma un cataclismo bárbaro. Después, el supuesto esplendor de Córdoba (un gran mito demasiado propalado hoy) haría oscurecer a los oscuros y pobres resistentes del Norte, tenidos a veces como simples bárbaros potenciales (resistentes pero tributarios del Al-Andalus).

Pero el Beato de Liébana, las Crónicas Asturianas y la propia ideología restauracionista de los reyes astures nos habla en otro sentido: la barbarie norteña (originalmente astur-cántabra, reactivada justo antes de la invasión mora) poseía los elementos necesarios de la Alta Cultura (en resumen digamos: celto-germánica-romana-cristiana) para hacer frente al mayor Imperio del momento. 

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