sábado, 24 de mayo de 2014

Esperando a los bárbaros

¿Qué se entiende por bárbaro? ¿Es la barbarie una condición positiva? ¿Entenderíamos Europa sin la barbarie? ¿Es posible la civilización o la Alta Cultura sin esa alteridad fundamental que llamamos barbarie? Estas y otras preguntas son planteadas por un libro -muy olvidado- de Carlos Alonso del Real, Esperando a los bárbaros. La tesis principal la voy a resumir así: sin idealizaciones románticas, sin exageraciones de tipo pangermanista ni rendir ninguna clase de culto y glorificación a la "bestia rubia", y cosas de ese estilo, los bárbaros han cumplido una función no siempre destructiva y regresiva en la Historia de Occidente o en la Historia Universal (en ésta última, tamibién, pues casos análogos los podríamos ver respecto a los bárbaros relacionados con las Altas Culturas China, Azteca, Islámica, India, etc., pero nos limitaremos a Europa). 


Muy frecuentemente los bárbaros han allanado el camino hacia nuevos modos de vida y producción, destruyendo modelos caducos y decrépitas e inmundas condiciones de vida. Tal función, que diríamos "progresiva" si nosotros fuéramos partidarios de una evolución lineal (que no es el caso), viene incluso avalada por el uso del lenguaje. Así, por ejemplo, cuando decimos que tal persona atractiva o cosa deleitosa y en buena forma está "bárbara". Bien es verdad que junto a ese uso positivo, llamamos bárbaros a los que se comportan con crueldad innecesaria, irracional, desmedida (los nazis, los etarras o los estalinistas "fueron unos bárbaros"). La ambivalencia del término esconde toda la complejidad y todas las claves de la función histórica del bárbaro.

Para empezar, el catedrático de Prehistoria C. Alonso del Real distingue muchos tipos de barbarie, y aun así, cada uno de esos tipos actúa funcionalmente de manera diversa según la dialéctica que los pueblos bárbaros establecen con a) Altas culturas; b) Bárbaros de nivel cultural equiparable; c) Bárbaros de menor nivel; d) Primitivos.

En segundo lugar, con independencia de la ubicación de cada pueblo en una escala graduada que va desde el primitivismo hasta las Altas Culturas, pasando por una enorme variedad de barbaries, el pueblo puesto en relación con cualquier Alta Cultura puede definirse en una lucha existencial contra ella y contra otros bárbaros de diversas maneras: 1) Bárbaros Efectivos, que son los que constituyen una amenaza real, peligrosa y a veces letal para la Alta Cultura; 2) Bárbaros Potenciales, cuya "razón de ser" es resistir la conquista o la asimilación de la Alta Cultura.


Por otra parte, en función de la posición de un pueblo bárbaro, dentro o fuera de un limes, de una frontera militar o geopolítica, por lo menos podríamos distinguir entre (i) bárbaros intraliminares y (ii) bárbaros extraliminares. Por ejemplo, es evidente que el Imperio Romano ejercía su dominación no sólo sobre los ciudadanos romanos sino sobre masas de "bárbaros" intraliminares en grado muy diverso de asimilación. Verbigracia: lo celta y lo germano entre galos e hispanos de la época imperial; lo beréber, lo hebreo y lo árabe en las provincias norteafricanas y del Levante de este mismo Estado Universal, etc. En ocasiones, la dialéctica entre una barbarie intraliminar y la barbarie extraliminar y efectiva es la clave interpretativa, o el factor causal fundamental para comprender por qué decaen los imperios y por qué se mueve la Historia hacia delante, hacia otros modos de vida y producción. Hoy ya sabemos –p.e. - que el asalto de los bárbaros al Imperio Romano estuvo precedido por una profunda germanización e incluso una revivificación de barbaries intraliminares. También sabemos, y el autor que citamos ofrece pistas para ello, que las tradicionalmente consideradas naciones bárbaras nunca lo son en grado cero, y siempre poseen fuertes componentes de Altas Culturas que luego inyectan a éstas, como en devolución del préstamo, en su calidad de Bárbaros efectivos, esto es atacantes de un Imperio o Civilización envejecida y en retirada. Unos ejemplos que se podrían detallar con innovaciones técnicas, militares, espirituales, económicas:

-El Celtismo ante Roma. Esta barbarie céltica o celtogermánica, contemplada desde el punto de vista romano ¿no poseía ya, mucho antes de volverse en parte una barbarie intraliminar, un sinfín de componentes helenizados e incluso romanizados cuando luchaba contra alternativa existencial a Roma?

-Los astures y los cántabros del siglo VIII ante el Califato. Esta barbarie (así vista desde el Califato musulmán), ¿no era heredera a su vez de Altas Culturas, decaídas, eclipsadas, pero en germen de conformar una barbarie potencial, a lo primero, y una barbarie efectiva, después ante el Islam?. La Reconquista protagonizada por el Reino de los Astures fue éste caso. Los moros vieron en Covadonga, allá en la escaramuza o batalla de 722, unos pocos "asnos salvajes". No supieron en la Córdoba mora que la Restauración ideológica del reino godo, y tras ella, la restauración de dos cosas unidas (a) la barbarie potencial –resistente- de los cántabros y astures, reactivada tras las terribles guerras octavianas, (b) la restauración de la Alta Cultura de la Roma Cristiana Universal, de la que eran herederos los godos (y todos los pueblos hispanos en general).


No es que lo bárbaro sea, simplemente relativo frente a una Alta Cultura que lo juzga, como tal. Esto podría significar una recaída en el relativismo cultural ramplón que tanto impera en la Academia en nuestros días. La cuestión es que lo bárbaro es el ariete de lo viejo y a la vez la semilla de lo nuevo. Cuando me admiro del arte asturiano, por ejemplo, del llamado estilo ramirense, y veo esos pequeños templos rurales de mi patria llenos de hermosura y vitalidad, veo también la doble faz de una Europa que está naciendo. Sí: todo nacer es un renacer. En Oviedo y en otros ligares del Principado veo a Roma y a Toledo resistiendo, por un lado. Veo a mis antepasados astures resistiendo, también. Contemplo entonces una Alta Cultura romanogermánica asaltada por la barbarie árabe y norteafricana, y revivo en mi espíritu a una barbarie asturcántabra potencial o resistente, que lucha ante un nuevo poder Imperial venido de muy lejos. Resucita en mi alma la idea una nueva Europa cristiana que revivifica viejas potencialidades, viejas barbaries así como restos rescatables de la Alta Cultura cristiana y latina. Veo en esas piedras un alma que nace, el alma fáustica del europeo que nace en el siglo VIII. Tan bárbaro él, bárbaro en los dos sentidos populares de la palabra.

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