viernes, 17 de mayo de 2013

Hijos de Homero


Reseña del libro:

Hijos de Homero. Un viaje personal por el alba de Occidente.

Alianza Editorial, Madrid, 2006.
Publicada en la revista Paideía.
 
 
 
 

 

 

Bernardo Souvirón nos ha dejado una hermosa introducción al mundo griego, escrita con claridad, cariño y elegancia. En ningún momento este filólogo nos abruma con citas y notas a pie de página. Sólo nos ofrece las justas para poder aclarar o extender la información. Tiendo a pensar que, al tratarse de un profesor de instituto, el afán por hacerse entender con toda claridad a un público que no es especialista, rezuma en el libro de principio a fin.

 

Souvirón nos habla del origen mismo de Occidente, de los albores de una cultura, la nuestra. Una cultura que, literariamente, tiene un nombre propio: Homero. Este personaje, el “educador de Grecia”, sigue siendo hoy un símbolo del poeta cuyo yo se esconde en las tinieblas, sin hablar jamás de sí mismo, pero que quiere contar lo que la memoria oral iba pasando de boca en boca para formar un Pueblo. Homero está en el quicio entre un pasado épico, puramente oral, legendario, y una Historia ya escrita. Una Historia en la que fue el primero en poner en caracteres alfabéticos lo que quizá él mismo cantó (aedo) o recitó (rapsoda). Pero Homero, el misterioso padre de Occidente, fue también un creador, un “humanizador” de esas historias tan lejanas de héroes y dioses, y también de hombres que sufren y mueren en la guerra, en un mundo cruel, duro y violento como era el mundo micénico. Un mundo no tan distinto del actual, también cruel, duro y violento. De ese suelo brota la planta de la Poesía, pero una Poesía que también es Historia (Homero es bastante exacto en su relato de los hechos, según el autor) y la misma complexión espiritual del hombre europeo.

 

Aquellos micénicos de los que habla Homero fueron gentes indoeuropeas que, en lo más sustancial, conformaron la Europa que hoy tenemos y, a partir de ella, el mundo en su conjunto. Los rasgos que más destaca el autor son a) la muerte legal de la mujer y su arrinconamiento social en todos los terrenos, tomada en posesión por el varón en calidad de máquina reproductiva y b) la guerra como modo de vida generalizado en unos pueblos que precisan de botines, esclavos y sangre para poder subsistir. No es difícil observar estos rasgos esenciales en el mundo actual. Solamente en los países más privilegiados las mujeres comienzan a conquistar cotas de igualdad, no sin víctimas, lo cual va a suponer un enorme cambio civilizatorio, según reflexiona Bernardo Souvirón. Cuando la mujer vuelva a la escena central de la Civilización, ésta será ya otra.

 

El otro rasgo que nos viene del fondo indoeuropeo, con el que seguimos siendo esencialmente micénicos, es el belicismo. La guerra no ha desaparecido como medio para la resolución de los conflictos. El uso de la guerra para hacer de pueblos y naciones animales de rapiña, fieras que viven de sus presas, no ha desaparecido en modo alguno y su abandono parece hoy mucho más lejano que el primer rasgo, la cultura patriarcal.

 

Hay en Los Hijos de Homero una serie de tesis atrevidas, más bien hipótesis necesitadas de mayor fundamentación, que aguardan a que la Historia, la Arqueología y la Filología las avalen en los próximos años. El autor propone borrar de un plumazo 300 ó 400 años de la Cronología estándar, los que se corresponden a la llamada Edad Oscura, que desde el siglo XII al VIII a. n. E. siguen planteándonos enigmas. De esos siglos nada sabemos, salvo que hay continuidad cultural y que no hay testimonios de desastres, invasiones violentas, etc. Esa Edad Oscura se viene a cerrar con un Homero, quizá un micénico del siglo VIII, que conoce casi perfectamente los hechos bélicos de Troya, a pesar de algunos anacronismos presentes en sus cantos. Quizá, dice Souvirón, hay errores en la datación cronológica en el establecimiento de las sincronías. Dejamos este asunto aquí, que concierne al debate entre especialistas, para que decida el futuro.

 

Leyendo el excelente libro de Souvirón, los profesores de Filosofía podemos recordar en qué situación han quedado los Estudios Clásicos en el Estado Español. Didácticamente, todos hemos sufrido la dificultad actual de presentar la Filosofía como institución de raigambre helénica, y de mostrar a los alumnos que la Civilización en la que vivimos es hija de Grecia. Enseñar el paso “del Mito al Logos”, el nacimiento de la Filosofía en Jonia, la predisposición helénica para el pensamiento racional y democrático, se hace una tarea ingente hoy en día dado el analfabetismo en Latín, Griego y, en general  en Cultura Clásica, de la mayoría de nuestros alumnos. Y no tienen la culpa ellos, la tienen nuestros legisladores, ministros y “comités de expertos” que, por afinidad política, les sustentaron. En vano clamaron el profesor Adrados y muchos otros en la prensa y en todos los demás foros públicos. Por algún interés espurio, ha parecido más conveniente a los políticos y sus “expertos” (en mi opinión, también políticos), inculcar en las mentes juveniles unas asignaturas supuestamente “prácticas”, como por ejemplo Economía y Administración de Empresas, en detrimento de la formación clásica, piedra clave para entender la Filosofía. Me atrevo a decir que nunca hubo en España y en Europa tantos estudiantes de estas materias económicas y financieras en bachillerato y en universidad, y nunca estuvo tan mal, precisamente, la situación económica.

 

Quisieron hacer de nuestros alumnos unos nuevos bárbaros. Estos currícula están consiguiéndolo de manera honda e irreversible. No saber nada de Homero es son saber nada de tu propia cultura, la cultura europea. Será muy difícil captar el mensaje que nos transmitieron los presocráticos, Platón o Aristóteles sin conocer los pilares en los que se asienta nuestra civilización. Sólo con ese analfabetismo planificado a partir de la LOGSE, y perpetuado con la Ley actual, puede entenderse en burdo relativismo y multiculturalismo de nuestros días. Cualquier tradición, en sí misma respetable pero ajena, es puesta en la mente de nuestros ciudadanos en pie de igualdad con la helénica, y muy pocos estudiantes son ya capaces de reconocer en esa tradición helénica la suya, la nuestra. Esta situación lamentable permite abrir las puertas de par en par a la colonización de Europa, a su alienación en manos de una tecnocracia, de una idolatría a lo nuevo o a lo bizarro. Desconocer a los griegos va a suponer, para Europa, un olvidarse de sí misma. Europa se africaniza, se americaniza, deviene en una ensalada de tradiciones, pero corta –con ello- sus raíces.

 

Libros tan divulgativos, tan bien escritos, como el de Bernardo Souvirón, sirven para comprender lo bueno y lo no tan bueno de nuestra propia herencia cultural. Un conglomerado histórico que incluye la guerra y el patriarcalismo, sí, pero también la democracia y la racionalidad. Si no somos capaces de entender estas raíces, no podremos crecer ni seguir teniendo savia nueva. Este libro en su totalidad, o algunos de sus capítulos, es material muy provechoso para la docencia de la Filosofía en Bachillerato. Lo que equivale a decir: para todo el mundo.

 

Carlos Javier Blanco Martín.

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